viernes, 12 de agosto de 2016

La expedición española a Dinamarca de 1807




Noviembre de 1806: tras los éxitos militares de Austerlitz y Jena todo el continente europeo se hallaba bajo el dominio francés, desde la península ibérica hasta Prusia. El 21 de Noviembre de 1806 Napoleón I, cansado de las continuas intromisiones inglesas, promulga el Decreto de Berlín mediante el cual pretendía establecer un bloqueo económico de las islas británicas, prohibiendo a sus aliados y a los países ocupados cualquier tipo de relación comercial con Gran Bretaña. El 17 de diciembre de 1807 incluso endureció las condiciones iniciales del bloqueo; en un intento por destruir de forma decisiva el comercio británico como preludio para una posible invasión, con la promulgación del decreto de Decreto de Milán, mediante el cual regulaba una aplicación más rigurosa del bloqueo: debía tratarse como "presas de guerra" a cualquier buque que se hubiese detenido en un puerto británico, que hubiese pagado impuesto alguno en Gran Bretaña o que fueran registrados en su carga por un barco británico. Cualquier buque sin importar su nacionalidad. Esto significaba que cualquier barco al cual los británicos hubieran registrado o aceptado en sus puertos sufriría confiscación por los franceses, de la misma forma que si fuera un buque británico.




El imperio francés autorizaba no sólo a sus propios buques de guerra, sino también a los corsarios a realizar esas confiscaciones en beneficio de Francia.


Pero para una eficaz implantación del bloqueo continental era necesario establecer un control total sobre los principales puertos de la Europa continental, ya fuese mediante el establecimiento directo de soldados franceses o mediante la amenaza a las autoridades locales de una ocupación militar francesa en caso de no aplicar las disposiciones del bloqueo. De esta manera, importantes socios comerciales de Gran Bretaña como los países ribereños del Báltico debieron plegarse a las exigencias de Napoleón para eludir la invasión francesa. De igual forma los territorios de Italia y el resto de Alemania bajo influencia napoleónica impusieron controles aduaneros para cerrar el paso a los productos británicos.





En 1796 Godoy, en nombre del rey Carlos IV, firmaba en el Real Sitio de San Ildefonso una alianza militar con la República Francesa, en lo que terminaría por conocerse como el Tratado de San Ildefonso. El temor español a la superioridad naval británica inquietaba sobremanera la seguridad de la América española y la de sus conexiones con la metrópoli. Este temor empujará a la España de Carlos IV a una alianza militar con la Francia republicana. Así pues, en mayo de 1803 Francia entra nuevamente en guerra con Gran Bretaña, bajo el consulado de Napoleón , quien reclama de España la ayuda estipulada en los artículos III y V del Tratado de San Ildefonso: 24.000 hombres y 25 buques de guerra. Godoy, espantado ante la posibilidad de una ofensiva británica contra las colonias españolas de ultramar, trata por todos los medios de mantener a España en una inestable neutralidad, sorteando las presiones francesas.


El valido de Carlos IV consigue firmar en octubre de ese año un deshonroso Tratado de Subsidios por el cual España se ve obligada a pagar 6 millones de francos al mes a la Francia napoleónica hasta el final del conflicto; pero en junio de 1806 Gran Bretaña toma Buenos Aires, y exige a España la ruptura total de sus alianzas con Francia además de la conservación de la ciudad rioplatense. España es incapaz de recuperar la plaza por sí misma y en octubre de ese año, Napoleón sale victorioso en Jena y Auerstaedt. Nada queda ya del poderío militar español, que ahora, impotente en la lucha entre los dos gigantes de Europa, no puede más que plegarse a las nuevas exigencias del Emperador para intentar calmar la paciencia de un Bonaparte ya muy irritado por la reticencia de Godoy a combatir junto a él contra los británicos.




De esta manera, España aceptará integrarse en bloqueo continental por lo que Napoleón pedirá a la monarquía española, el envío de un cuerpo expedicionario de ejército a Alemania con el objetivo de guarnecer las costas de mar Báltico y aumentar el bloqueo al que quería someter a la Gran Bretaña: España debía facilitar a Francia 14.000 hombres. La división O’Farrel, que había permanecido como guarnición en el reino de Etruria (donde María Luisa, hija de Carlos IV, ostentaba el título de reina) recibió la orden de marchar a la ciudad alemana de Hamburgo, en la costa del mar Báltico; partió el 22 de abril de 1807 y siguiendo el "camino español", atravesará el norte de Italia, Baviera y Hannover llegando  a Hamburgo entre el 12 y el 24 de junio de 1807. La composición de este cuerpo era la siguiente:




­ 3 batallones del Regimiento de Línea Zamora (2.256 hombres)
­ 2 batallones del Regimiento de Línea Guadalajara (1.504 h.)
­ 1 batallón de Infantería Ligera 1º de Voluntarios de Cataluña (1.200 hombres).
­ 1 regimiento de Caballería Ligera, el Villaviciosa (540 hombres)
­ 1 regimiento de Caballería de Línea, el Algarve (540 hombres)
­ Una compañía de artillería (100 hombres)
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 Total efectivos: 6.140 hombres.





Al frente de esta división se encontraba el general de origen irlandés D. Juan Kindelán, que había sido nombrado segundo del Comandante en Jefe de la División del Norte. Como jefe de este cuerpo expedicionario, será nombrado el general  Don Pedro Caro y Sureda, marqués de la Romana, quien parte del norte de España al frente de otras dos divisiones:
 


­ 1 batallón de Regimiento de Línea Guadalajara (778 hombres)
­ 3 batallones del Regimiento de Línea Asturias (2.332 hombres)
­ Regimiento de Línea Princesa (2.282 hombres)
­ 2º batallón de Voluntarios de Barcelona, Infantería Ligera (1.240 hombres)
­ Regimiento de Caballería del Línea del Rey (540 hombres)
­ Regimiento de Caballería del Línea del Infante (540 hombres)
­ Regimiento de Dragones de Almansa (540 hombres)
­ Una compañía de zapadores-minadores (100 hombres)
­ Artillería a pie (270 hombres)
­ Artillería a caballo (89 hombres)
­ Tren de artillería (68 hombres)
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Total efectivos (8.779 hombres)


Mariscal Bernadotte


Tras cruzar los Pirineos, éstas tropas se reunirán en Maguncia, donde Napoleón pasó revista de las mismas. Las tropas de Kindelán fueron las primeras en llegar y entrar en combate, tomando parte en el sitio de Stralsund donde conseguirán la rendición de la plaza el 18 de agosto de 1807. Kindelán será condecorado con la Legión de Honor.  Los efectivos participantes fueron muy bien considerados y atendidos por el mariscal Bernadotte, príncipe de Pontecorvo y general en jefe del ejército del Elba, a cuyas órdenes estaba. Buena prueba de la consideración de la que estas tropas gozaban sería que el mismísimo mariscal escogería para su escolta personal, su guardia de corps, a 100 granaderos españoles del regimiento de Zamora y una sección de 30 caballos del Rey. Una vez reunidas todas las tropas españolas que formaban la expedición en la ciudad de Hamburgo, permanecieron en la población como servicio de guarnición durante el invierno 1807-1808, bajo el mando supremo del  mariscal Bernadotte.




En febrero de 1808, Dinamarca, aliada de los franceses, declara la guerra a Suecia al negarse ésta a apoyar el bloqueo marítimo contra la Gran Bretaña y el Cuerpo Expedicionario español será enviado a la península de Jutlandia para su defensa ante una posible invasión sueca. Pero en  el mes de junio y a consecuencia de los sucesos que el 2 de mayo se desarrollaron en España, las tropas serán diseminadas por todo el territorio danés, según orden expresa de Napoleón, estableciendo el Cuartel general en Nyborg, capital de Fionia:
 
1. División de Jutlandia al mando del general Kindelán:
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  •       Regimiento Zamora (Coronel M. Salcedo), en Veile, Fredericia y Koldino.
  • ­      Regimiento Algarbe (Coronel José Yebra) en Tender, Husum y Tonning.
  • ­      Regimiento del Rey (Coronel Miguel Gamba) en Horsens, Skanderborg y Aarhus.
  • ­      Regimiento del Infante (Coronel Francisco Mariano) en Randus y Mariager.

 
2. División de Fionia al mando del de la Romana:
 
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  •  Regimiento de la Princesa (Coronel Conde de San Román) en Nyborg, Kjertemünde,      Assens y Middelfart.
  • ­ Regimiento Villaviciosa (Coronel Armendáriz) en Faaberg.
  • ­ Regimiento de Almansa (Coronel Juan A. Caballero) en Gogensee y Odense.
  • ­ Artillería (Brigadier Martínez Vallejo y Capitán J. López) y los zapadores, en Nyborg y Kjertemünde.
 
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 Un batallón ligero en Svedenborg.

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Otro batallón ligero y artillería en la isla de Langenland al mando del general francés Gauthier.
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Regimiento de Guadalajara (Coronel Vicente Martorell) y de Asturias (Coronel Louis de Dellevielleuze), estacionados en la isla de Seeland, bajo el mando del general francés Fririon.
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Los depósitos, al mando del General Hermosillas, se establecieron en Hamburgo y Altona.









En el cuartel General del Cuerpo de Ejercito expedicionario en Nyborg, se dará un hecho curioso: Desembarcando en Dinamarca, salió a recibirlos el rey Christian, quien prácticamente delante de la soldadesca extranjera que llegaba como tropa aliada para conquistar la vecina y odiada Suecia, sufrió un aneurisma cerebral y murió, de forma grotesca, cayéndose de su montura. Uno de los españoles, transmitiéndole la noticia a un danés en una especie de lengua franca combinada con signos y gestos, apoyó su cabeza en la palma de la mano y exclamó de forma bastante ilustrativa: “le roi, kaput”. Pronto iban a conocer los daneses el espíritu jocoso y pragmático de aquellos extraños hombres bajitos, chaparros y morenos venidos del sur.




Las noticias de los sucesos acaecidos en España a primeros de mayo no llegaron, de momento, a conocimiento de los expedicionarios ya que los franceses interceptaron toda la correspondencia impidiendo, incluso a cañonazo limpio, que cualquier embarcación se acercase a la costa. Por este motivo las tropas españolas sólo conocían parte de los acontecimientos, por las informaciones que publicaba la prensa francesa.  Con la llegada de uno de los ayudantes de la Romana que había sido enviado a España, junto con varios oficiales que habían sido destinados a los Regimientos del Rey y Zamora, que conocían los sucesos de Madrid, se puso de manifiesto la realidad de los hechos en España y esto a punto estuvo de provocar un motín entre las tropas: España estaba en guerra contra Francia, Carlos IV había abdicado en  su hijo Fernando VII y éste a su vez en Napoleón, hallándose ambos en poder del Emperador en Bayona; el pueblo, unido al ejército y liderados por improvisadas juntas provinciales se organizaba en la lucha contra el ejército imperial.




Un espía inglés, un sacerdote católico llamado Robertson, consiguió llegar hasta La Romana, y le mostró las proclamas de las Juntas de Asturias, Galicia y Andalucía. Le comunicó que el gobierno inglés estaría dispuesto a facilitarles transportes para embarcar sus tropas para España por lo que el general elaboró un plan para concentrar todas las tropas en la isla de Fionia, utilizando la excusa de una revista de inspección. Por desgracia antes de que éste plan pudiese llevarse a cabo el 22 de julio de 1808 La Romana recibió órdenes firmadas por el propio General Bernadotte de que todas las tropas debían presentar inmediatamente, en sus respectivas guarniciones, juramento de fidelidad al nuevo rey  de España, José Bonaparte. Estas órdenes fueron enviadas directamente no sólo a  La Romana a Fionia, sino también al General Kindelán en Jutlandia, y al Brigadier Delevielleuze en Seeland.






Juramento de las tropas del Marques de la Romana en Dinamarca
Pero el cumplimiento de éstas órdenes fue muy distinto en cada uno de los lugares y así mientras en Jutlandia, Kindelán, que desde el principio tomó partido con los franceses, consiguió que jurasen las tropas a su mando con el ardid de que las demás habían jurado ya (finalmente, Kindelán se pasó a los franceses, abandonando a sus tropas) en Seeland, ocurrió lo contrario; los Regimientos Asturias y Guadalajara, que habían tenido noticias de los sucesos de España, se negaron a jurar y se sublevaron, atacando a los franceses y causando la muerte de un oficial. Luego marcharon sobre Copenhague, pero por el camino fueron interceptados por los franceses y obligados a deponer las armas. En Fionia y Langeland, La Romana trató de ganar tiempo. Sabía que la tropa era reacia a firmar y que se podían producir motines, lo que hubiese comprometido el plan de evasión. Unos juraron sin dar los vivas mandados; los artilleros juraron lo que jurasen sus oficiales; los zapadores se negaron rotundamente a hacerlo; los dragones de Almansa interrumpieron la lectura de la orden con los gritos de ¡Viva España! ¡Muera Napoleón! y al amenazarles con un castigo ejemplar rompieron filas en el mayor desorden.




Al ir a jurar el Batallón de la Princesa, por un movimiento no se sabe si convenido o espontáneo, oficiales y tropa se agruparon alrededor de la bandera y fijando en ella la vista permanecieron así largo rato en el silencio más profundo, que no dejaba por esto de ser muy elocuente, hasta que salió un cabo de filas y dirigiéndose al Marques de La Romana con el arma presentada, le dijo respetuoso, pero enérgicamente: "Mi general; mi compañía no jura a José ni a otro alguno, sino esa bandera, pues en llegando a España veremos a quien representa." El capitán de ingenieros D. Fernando Miyares cuenta que el cabo dijo exactamente: "Mi general, yo no quiero jurar; sé muy bien que el no obedecer es un delito capital, y me presento para ser fusilado, porque en tratándose del juramento, de ninguna manera obedeceré, mándelo quien lo mandare." A pesar de aquella manifestación tan expresiva, se leyó la orden y se dieron las voces para hacer las descargas prevenidas; mas en lugar de obedecerlas, los soldados del Batallón de la Princesa, con asombro general, descansaron las armas tan silenciosos y resueltos como antes. Su coronel el conde de San Román pudo al fin hacerse obedecer; pero toda la noche siguieron disparando sus fusiles al aire con la algazara y desorden consiguientes y en son de mofa.




Bernadotte conminó a La Romana mediante un ultimátum a que hiciese jurar a sus tropas inmediatamente. Pero La Romana había recibido la visita del oficial del Regimiento de Cataluña, el subteniente Fábregas, quien había llegado hasta la escuadra inglesa, y traído documentos en los que los ingleses aseguraban tener dispuestos los buques para embarcar toda la “División del Norte”; por ello, impartió órdenes a todas las guarniciones para que se concentraran en Nyborg a fin de proceder a su embarque. La Romana, con los Regimientos de la Princesa (dos batallones), Voluntarios de Barcelona (dos compañías), dos Escuadrones del Regimiento de Almansa y la artillería a caballo, se apoderó de Nyborg. Los ingleses, después de un encarnizado combate con los daneses, desembarcaron en la plaza y, después de conferenciar con La Romana, decidieron el traslado a la isla de Langeland de las tropas; en ésta sería efectuado en embarque de la totalidad de las tropas. El Regimiento de Caballería Algarve fue hecho prisionero cuando intentaba cruzar el Pequeño Belt.



En Langeland se habían concentrado ya los Dragones de Villaviciosa y el Batallón Ligero de Barcelona y, un poco más tarde, el Ligero de Cataluña, efectivos que se apoderaron de toda la isla; La Romana y sus tropas pudieron desembarcar con total tranquilidad. Había conseguido reunir las fuerzas restantes el 13 de agosto; algunos cuerpos habían tenido que recorrer 18 leguas en 21 horas para unirse al Cuartel general. El 21 de agosto, la escuadra de el almirante británico Sir James Saumarez ancló frente a la costa oriental de Langeland, donde embarcaron los 9.000 hombres que había conseguido reunir el de La Romana, sin abandonar más que los caballos que no podían transportarse, y salvándose toda la artillería (25 piezas). A continuación zarparon con rumbo a Goteborg, en la costa de Suecia. El 5 de septiembre, los 9.000 españoles fueron embarcados en 37 buques enviados por la Gran Bretaña, y zarparon con destino a A Coruña; no obstante, debido al mal tiempo, arribaron a Santoña y Santander, el 8 de octubre.


En total, fueron 5.000 soldados los que quedaron atrapados y no pudieron regresar a España; para evitar la prisión, decidieron incorporarse al ejército francés y combatir en la campaña de Rusia. Tras la retirada francesa hacia el río Beresina, los españoles que quedaban, cerca de 2.000, desertaron y se unieron a los rusos. El Zar Alejandro I les dio la oportunidad de alistarse en sus filas, y el 2 de mayo de 1813 se creó con soldados españoles el Regimiento Imperial Alejandro I, constituyéndose como guardia de honor de la Zarina y de la Reina madre. Finalmente el 4 de octubre de 1814, los españoles serían embarcados y transportados hasta España.


Aunque la historia oficial danesa calificó la retirada de “huida cobarde” y a los soldados españoles como “traidores”, nunca se tuvo en cuenta que España estaba ocupada y en pleno conflicto armado con Francia. No obstante, a pesar de esa opinión, la presencia española en Dinamarca, aunque corta, dejó una huella imborrable en la población danesa de los lugares donde se instalaron y que todavía hoy permanece. Nunca entraron en combate, sólo estuvieron estacionados, fueron los primeros soldados extranjeros que no arrasaron el país. Vivían entre la gente, se comportaban de forma familiar, aceptaban sin remilgos la comida local, no como franceses y belgas; jugaban con los niños, tocaban la guitarra y hacían fiestas.De ellos aprendieron a fumar tabaco liado, aliñar ensalada y usar ajo en las comidas, y de su idioma tomaron la palabra spanjler, que al igual que la más culta spanier, significa "español" en danés, aunque en el primer caso está dotada de un componente simbólico, unido a la pasión y el gusto por la música de los europeos del sur.

lunes, 18 de enero de 2016

Colaboración militar germano-soviética 1922-1941


Durante casi veinte años, soviéticos y alemanes colaboraron económica y militarmente y se repartieron Europa del este en áreas de influencia. Dos países que saldrán como los parias de Europa tras la Primera Guerra Mundial iniciarán una cooperación que continuará, enormemente ampliada, con Hitler en la Cancillería del Reich.




16 de Abril de 1922: La Rusia bolchevique y la República alemana firman en la localidad italiana de Rapallo un tratado de amistad y cooperación, al margen de la voluntad de las potencias vencedoras de la Gran Guerra. La Alemania de Weimar y la Rusia bolchevique de 1922 son los dos grandes proscritos de la escena política internacional del momento. La una, derrotada y maniatada por las imposiciones del tratado de Versalles, llena de resentimiento y deseosa de revancha. La otra, apenas recuperada  tras una revolución y posterior guerra civil, es considerada un foco contagioso que es preciso aislar. En esta circunstancia, era más que previsible un acercamiento entre ambos países.

soldados ondean la bandera roja en Berlín,9 de noviembre de 1918
La República alemana de Weimar intentaba reponerse de las enormes consecuencias del trauma de la derrota militar y la frustrada revolución marxista. La asfixia es general. Las formaciones políticas moderadas son incapaces de evitar una intensa inclinación a la derecha de unas élites dirigentes, muy tradicionales, que añoran un régimen fuerte y temerosas de un muy posible triunfo de la revolución. Los asesinatos políticos se alternan con los intentos militares por hacerse con el control del Estado, cobrando cada vez mayor impulso las formaciones paramilitares financiadas por la industria. En el ámbito económico, la situación es desastrosa; los países europeos, con una Francia agria y revanchista a la cabeza, intentan obtener a cualquier precio el pago de las reparaciones de guerra. Estas obligaciones impuestas por los vencedores, amenazan con aplastar la antaño potente economía alemana.

En noviembre de 1920 termina la guerra civil rusa; el país, organizado en base a un sistema colectivista, comienza la difícil reconstrucción en base a una economía arruinada y paralizada. En Marzo de 1921, mientras millones de personas están amenazadas de muerte por inanición, el gobierno soviético decide dar un giro a sus planteamientos y solicita ayuda material y asesoramiento a occidente; la Europa capitalista exige entonces el pago de las compensaciones por los bienes perdidos en la revolución y las nacionalizaciones posteriores y por vez primera, invitan a los soviéticos a una mesa de conferencias en la que solucionar de una manera definitiva y satisfactoria a sus pretensiones el problema de las compensaciones. Los países europeos piensan en la Unión soviética como en un campo de inagotables recursos que explotar, con los que Rusia pagaría sus deudas; pero Moscú no esta dispuesta a admitir semejante intromisión en su soberanía y acude a la conferencia con la firme determinación de logar un acuerdo con Alemania, al margen de las potencias occidentales.

Aunque el ejercito alemán había salido incólume de la derrota de 1918, las condiciones que se le imponen por parte de los aliados suponen, sobre el papel, prácticamente el desarme de Alemania: un ejercito reducido a 100.000 hombres, prohibición de fabricación de aviones y carros de combate, supresión del Estado Mayor General y un mantenimiento simbólico de una marina de guerra, impedida también a fabricar submarinos y buques por encima de un determinado tonelaje. Así pues, Jefes y Oficiales verán en la instauración de la Republica un simple hecho pasajero, con el que han de convivir mientras se recupera el poderío militar.

La entrada en los más altos puestos del Estado de miembros del partido socialdemócrata no supondrá en ningún caso dificultades para los intereses militares; estos seguirán conduciendo la política de Alemania por encima de coaliciones y gobiernos efímeros. Los interés de la disminuida Reichswher se identificarán plenamente con los de los magnates de la industria alemana; privados ambos de una posible expansión, unen sus fuerzas ante la posibilidad de un giro hacia el Este y las inmensas posibilidades que ofrece la Unión soviética, ahora ya pacificada. Pero los primeros contactos confidenciales con las autoridades soviéticas tendrán lugar sin el conocimiento del gabinete de ministros; el la primavera de 1921 estaban ya establecidos contactos militares al margen de la política oficial y en el otoño de ese mismo año se concretarán ya convenios para la instalación de fábricas de material militar en territorio soviético, dirigidas por personal técnico alemán.

Tras la petición soviética de ayuda al gobierno alemán para el desarrollo de su industria armamentística,  se enviará una delegación militar a Rusia al mando del coronel Oskar von Niedermayer; tras examinar las fábricas de armamento y los astilleros, la comisión recomendó que se rechazara la petición de ayuda  dado el estado lamentable en el que se encontraba la industria soviética, por la enorme inversión que sería necesaria. Pero pese a esto, en septiembre de 1921 se iniciarán en Berlín conversaciones secretas entre el Comisario Soviético de Comercio Exterior, Leonid Krassin y el Jefe del Truppenamt (Allgemeine Truppenamt u Oficina General de Tropas, sección del Ministerio de la Reichswher que desempeñaba algunas de las funciones del antiguo Estado Mayor), General Otto Hasse, conversaciones que se celebraran en el apartamento berlinés del general von Schleicher. En estas reuniones se establecerá el esquema original de la reconstrucción de la industria de armamentos soviética y el suministro consiguiente de armas de estas fábricas a Alemania. De esta manera, la Reichswher creará un holding (Gesellschaft zur Förderung gewerblicher Unternehmungen o G.E.F.U) con oficinas en Berlín y Moscú bajo la supervisión del general von Borries que supondrá una inversión inicial de capital de 75 millones de Reichmarks. A cambio de esta inversión, el ejercito alemán recibiría una parte de la producción de todas las fábricas. Aunque se efectuaron planes para el desarrollo y construcción de submarinos, esta línea de trabajo no paso de la fase de planificación. El G.E.F.U. financiará la construcción de una gran fábrica de aviones de la casa Junkers en Fili, localidad próxima a Moscú, así como varias fábricas de proyectiles administradas por la empresa Krupp en Leningrado, Schlüsselber y Tula y una fabrica de gas venenoso en Samara.


Hans von Seeckt
El coronel von Niedermayer nuevamente será enviado a Rusia, donde establecerá una oficina conocida como Zentrale Moskau, cuyo personal se componía de oficiales de Estado Mayor "retirados" y encargada del control de los aspectos militares relacionados con el acuerdo secreto, fundamentalmente, el entrenamiento de personal alemán en las escuelas de tanques de Tama (Kazan) y en la escuela de vuelo de Lípetsk (Tambov). Al mismo tiempo se dispusieron visitas de oficiales superiores a fin de establecer una relación fluida entre ambos ejércitos.  Durante estas visitas, los oficiales alemanes obtuvieron una visión de la grave falta de iniciativa y responsabilidad en los niveles mas bajos del mando, así como de la rigidez de la táctica y de las operaciones rusas. Entre 1927 y 1933, visitaran Rusia oficiales como Blomberg, Heye, Hammerrstein o Adam, Brauchitsch,Keitel, Hoth o Manstein, entre otros. Todo esto a la larga sería contraproducente, ya que muchos de estos oficiales llegaron a convencerse de que el ejército soviético nunca llegaría a ser un adversario a tener en cuenta. El objetivo final de Hans von Seeckt, Jefe del Alto Mando del ejercito alemán (Chef des Heeresleitung) no era otro que establecer una alianza militar mediante la cual fuese posible el restablecimiento de las fronteras orientales del Reich de 1914, mediante la destrucción de Polonia. Aunque realmente, ni la implantación de las industrias de armamento ni de las escuelas de formación se desarrollaron a la escala necesaria para que la Reichswher fuese capaz de sostener una guerra ofensiva en los años veinte.

Conferencia de Génova 10 de abril a 19 de mayo de 1922
A su paso por Berlín camino de la Conferencia de Génova la delegación soviética encabezada por Chicherín, intenta lograr un tratado bilateral con Alemania, cuyo borrador estaba ya preparado según las líneas de trabajo marcadas en los contactos secretos anteriores. Pero Walter von Rathenau, ministro alemán de Asuntos Exteriores no abandona su posición de acercamiento a occidente, demorando el acuerdo. Ya en Génova, donde se va a celebrar la conferencia (abril de 1922) , la delegación soviética vuelve hacia Alemania su mirada y en la madrugada del 16 de abril vuelve a proponer a Alemania la firma del acuerdo (en la forma del borrador ya existente). Esta vez las reticencias de Rathenau son superadas por la intervención personal del Canciller Wirth y a las cinco de la tarde se celebra la breve ceremonia de firma. El Tratado de Rapallo garantizaba la renuncia a toda posible reclamación y la reanudación de las relaciones diplomáticas y consulares entre Alemania y la Unión Soviética, con lo que la Republica de Weimar se convertían en el primer país occidental en reconocer oficialmente a la Unión Soviética.


Miembros de las delegaciones asistentes al tratado de Rapallo
Tras la elección de von Hindemburg como Presidente del Reich el 26 de abril de 1926 y la sustitución posterior del general  Seeckt por el general Wilhelm Heye al frente del Alto Mando de la Reichswher, continuará la cooperación con Rusia, demasiado importante para abandonarla. El número de oficiales alemanes que fue formado en Rusia fue reducido, estando los mejores resultados en la Escuela de instrucción de vuelo de Lípetsk, donde entre 1925 y 1933 se formaron unos 120 pilotos de combate y unos 100 observadores. Recibirán instrucción en Rusia oficiales de estado mayor como Sperrle, Jeschonnek y Student, todos ellos con puestos muy importantes posteriormente en la Luftwaffe. Por su parte, la escuela de carros de combate de Kazan y la de guerra química de Volsk no entrarán en funcionamiento hasta 1929; la primera sólo tenia un instructor y diez alumnos alemanes, sin embargo, los experimentos allí realizados con carros alemanes y británicos llevarán al desarrollo de los panzer III y IV, que mas adelante constituirán la espina dorsal de las divisiones panzer durante la Segunda Guerra Mundial.

Con la llegada de Hitler al poder, la cúpula del Ejército Rojo trató de mantener unas relaciones cordiales con la  Reichswehr. A pesar de que en 1934 Hitler ordenará el cierre de las bases alemanas en Rusia, dejando atrás importantes infraestructuras, los jefes del ejercito soviético esperaban poder seguir enviando a Alemania a sus oficiales para que se formasen.  Aunque en ambas partes había partidarios de continuar y profundizar en las relaciones bilaterales, el comercio entre ambos países experimentará un constante declive hasta su práctica desaparición en 1938. A mediados de los años 30 se produjeron intentos de traducir conversaciones comerciales en un acuerdo político más amplio, pero Stalin estaba mas centrado en la búsqueda de una seguridad colectiva y en aniquilar a sus enemigos internos - reales o ficticios- efectuando una intensa purga del Ejército Rojo en la que desaparecieron los principales defensores rusos de la cooperación germano-soviética. Entre tanto Hitler centraba toda su atención en la remilitarización de Renania y el rearme del ejercito alemán, utilizando un furibundo anticomunismo para tranquilizar a los vecinos occidentales del Reich.

Será el acuerdo de Múnich (30 de septiembre de 1938) quien lo cambie todo. En Marzo de 1939 Hitler recobraba el Memelland para Alemania volviendo el Alto Mando alemán la vista sobre Polonia, a pesar del pacto de no agresión por diez años firmado el 26 de enero de 1934  y de la descarada complicidad polaca en el reparto de Checoslovaquia. El nuevo objetivo de Hitler era acabar para siempre con el estado polaca y recobrar Danzing, Posen, la Alta Silesia y la Prusia Occidental. Ante la neutralidad, por no decir pasividad, de las potencias occidentales, la actitud hacia Alemania en el Kremlin también cambiará y así, el 3 de mayo de 1939 Stalin sustituirá a Maxim Litvinov, su Ministro de Asuntos Exteriores (judío), por Vyacheslav Molotov, Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo desde 1930 al que Stalin había encomendado la tarea de limpiar de judíos el comisariado. Dada la importancia de la cuestión racial para los alemanes, este cambio constituirá una señal de acercamiento, iniciando desde el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán contactos exploratorios con los rusos. Y como a la ocasión la pintan calva, el gobierno alemán se auto convenció de que los comunistas eran fundamentalmente nacionalistas rusos que defendías sus intereses como cualquier potencia que se precie. Y así, una serie de reuniones con objeto de aclarar las obligaciones de las factorías SKODA con Rusia - ahora alemanas tras la ocupación de Checoslovaquia - se transformaron en un intercambio mas amplio de relaciones económicas.

La inminente llegada en el verano de 1939 de una delegación militar anglo-francesa a Moscú dio prioridad al deseo de Hitler de llegar a un acuerdo con los Rusos; conviene no olvidar que en este momento ya se había decidido atacar a Polonia. Pronto las conversaciones evidenciaron que franceses y británicos carecían de una estrategia común para hacer frente a Alemania. Además, la pretensión soviética de paso franco a sus tropas por Polonia si esta era atacada por Alemania se estrelló contra de plano contra el muro polaco, que se negó en redondo (el ministro de Asuntos Exteriores polaco, Jozev Beck llegó asegurar que una vez el Ejercito Rojo estuviese en Polonia ya no se iría nunca como así sucedería). Para finales de Agosto, Alemania y la Unión Soviética habían ultimado los últimos detalles de su acuerdo económico, culminando este proceso el 19 de Agosto de 1939 con la firma del Acuerdo de Comercio Alemán-soviético. El 21 de Agosto, los soviéticos rompían unilateralmente las negociaciones tripartitas con Francia y Reino Unido tras recibir de Alemania garantías de que se firmarían los protocolos secretos del pacto de no agresión propuesto, cuyo principal fin era el reparto de Polonia y la entrada en la esfera de influencia soviética entre ambas potencias. Esa misma noche Stalin accedió a recibir al ministro Alemán de Asuntos Exteriores, von Ribbentrop, que llegaría a Moscú el 23 de Agosto.


Lituania entre 1939 y 1941. La Alemania nazi había solicitado el territorio al oeste del río Río Šešupė (área en rosa) en el Tratado germano-soviético de Límites y amistad, pero renunció a sus pretensiones para una indemnización de 7.5 millones
El acuerdo, firmado en la madrugada del 24 de agosto de 1939, adquirió el nombre de los dos ministros de Asuntos Exteriores firmantes: el alemán Joachim von Ribbentrop y el soviético Viacheslav Mólotov. En aquella reunión celebrada en el Kremlin participó un sonriente Iósif Stalin, que departió amistosamente con el emisario del Reich alemán. El pacto de no agresión, con una vigencia de 10 años, contaba con siete cláusulas públicas y cuatro secretas que se conocieron años más tarde. De puertas para afuera, Alemania y Rusia establecían en su artículo IV que «ninguna de las dos participarán en agrupaciones de potencias que de alguna forma estén dirigidas directa o indirectamente contra la otra parte». De puertas para adentro, Alemania y la URSS establecieron una serie de «áreas de influencia». Un reparto futuro de Europa Oriental que empezaría por Polonia, a la que invadieron solo unos días después.


Mapa con la división de Polonia. Segundo Pacto Molotov-Ribbentrop 28 de septiembre de 1939
Figuran las firmas de Stalin y Ribbentropp, sobre el mapa que establece las fronteras "definitivas" entre Alemania y la Unión Soviética

De acuerdo con dicho protocolo secreto Rumania, Polonia , Lituania, Letonia, Estonia y Finlandia se dividieron en esferas de influencia alemana y soviéticas. En el norte, Finlandia, Estonia y Letonia fueron asignados a la esfera soviética. Polonia debía ser dividida y se efectuaría un "reordenamiento político" : las áreas al este de los ríos Pisa, Narev, Vístula y San serán para la Unión Soviética, mientras que Alemania ocuparía el oeste. Lituania, junto a Prusia Oriental, entraría en la esfera de influencia alemana , aunque un segundo protocolo secreto acordó en septiembre de 1939 reasignar la mayoría de Lituania a la URSS. Otra cláusula del tratado era que Alemania no interferiría en las acciones de la Unión Soviética hacia Besarabia, entonces parte de Rumania.






El 24 de agosto el Pravda anunció en grandes titulares la firma del pacto, para perplejidad del mundo entero que atónito, que era desconocedor de que Alemania y la Unión soviética estuviesen tan siquiera negociando  y no daba crédito a semejante acuerdo. Aunque quizás la mayor conmoción se produjo en el movimiento comunista internacional, aturdido y desorientado. Ambos países se esforzarán por presentar de manera positiva antes sus respectivas opiniones públicas este cambio radical de actitud, que los enemigos a muerte pasasen de la noche a la mañana a aliados y camaradas. A partir de septiembre de 1939, la Internacional Comunista suspenderá todas sus acciones "antialemanas" y la propaganda antifascista por orden de Stalin. La guerra en Europa ahora era una cuestión entre "estados capitalistas" que se atacaban unos a otros con fines "imperialistas".

Brest 23/09/1939 desfile militar conjunto germano-soviético

General Heinz Guderian y Brigadier Semyon Krivoshein

Cuando una iniciativa de paz conjunta germano-soviética fue rechazada por Gran Bretaña y Francia el 28 de septiembre de 1939, la política exterior soviética se torno muy crítica con los aliados y más pro-alemana. El propio Stalin mantendrá a raya a los partidos comunistas de Inglaterra y Francia, que adoptaran una política contraria a la guerra contra Alemania dentro de sus propios países; el 1 de octubre de 1939 los comunistas franceses abogaron por escuchar las propuestas de paz de Alemania, y el líder comunista Maurice Thorez desertará del ejército francés el 4 de octubre, huyendo a Rusia; otros muchos comunistas también desertaran del ejército francés. Tras la derrota de Francia en el verano de 1941, la resistencia comunista contra la ocupación alemana brillará por su ausencia hasta el ataque contra la Unión soviética el 22 de junio de 1941.


El propio partido comunista alemán presentará actitudes similares. En Die Welt,  periódico comunista publicado en Estocolmo, el líder comunista exiliado Walter Ulbricht se opuso a los aliados vivamente: Gran Bretaña representaba "la fuerza más reaccionaria del mundo" argumentando: "El gobierno alemán se declaró listo para amistoso relaciones con la Unión Soviética, mientras que el bloque guerra Inglés-Francés desea una guerra contra la Unión Soviética socialista. El pueblo soviético y los trabajadores de Alemania tienen un interés en la prevención del plan de guerra Inglés.

 von Ribbentrop posa ante un sonriente Stalin mientras Molotov estampa
su firma en el Pacto de no agresión, Moscú, 23 de Agosto de 1939
Alemania y la Unión Soviética firmarán un nuevo pacto comercial cuatro veces mas grande que el que ambos países mantenían en vigor desde agosto de 1939, el 11 de febrero de 1940. El pacto comercial ayudó a Alemania a superar el bloqueo británico; en el primer año de vigencia, Alemania recibió un millón de toneladas de cereales, medio millón de toneladas de trigo, 900.000 toneladas de petróleo, 100.000 toneladas de algodón, 500.000 toneladas de fosfatos y una cantidad considerable de otras materias primas vitales, junto con un millón de toneladas de soja de Manchuria. Estos y otros suministros eran transportados a través de la Unión Soviética y los territorios ocupados polacos. Por su parte, los soviéticos habían de recibir un crucero, los planos del acorazado Bismarck, cañones navales pesados, otros aparejos navales y varios de los últimos aviones de guerra de Alemania, incluyendo el Me-109, Me-110 y el Ju-88. Los soviéticos también recibirían equipo eléctrico, locomotoras, turbinas, generadores, motores diesel, máquinas herramientas y explosivos, equipos de guerra química y otros artículos. Los soviéticos también  proporcionaron a Alemania una base de submarinos, la Base Nord,  cerca de Múrmansk, donde poder re-abastecer de combustible y realizar el  mantenimiento a sus sumergibles y como un punto de despliegue para las incursiones y ataques contra las rutas marítimas aliadas.  Además, los soviéticos proporcionan Alemania con acceso a la Ruta del Mar del  Norte para los buques de carga y corsarios (aunque sólo el buque corsario  Komet utiliza la ruta antes de la invasión alemana), lo que obligó a Gran Bretaña para proteger las rutas marítimas en el Atlántico y el Pacífico.

El 10 de enero de 1941 firmarán un nuevo acuerdo, por el que se resolverían varias cuestiones en curso, estableciendo unos "protocolos secretos adicionales" del Tratado germano-soviético de Límites y Amistad por los cuales se cedía la franja de Lituania a la Unión Soviética a cambio de 31,5 millones de Reichsmark. Asimismo, establecían formalmente la frontera entre Alemania y la Unión Soviética entre el río Igorka y el Mar Báltico.También se extendieron la regulación del acuerdo comercial hasta el 1 de agosto de 1942, aumentando las entregas por encima de los niveles anteriores de ese acuerdo. También se establecieron los derechos comerciales en los países bálticos y Besarabia  y el cálculo de la indemnización por los intereses de propiedad alemana en los países bálticos ahora bajo ocupación soviética y otras cuestiones como la migración a Alemania de alemanes étnicos y ciudadanos alemanes en los territorios bálticos y el traslado a la Unión Soviética de sus nacionales y de los llamados "rusos blancos"  que se encontraban en los territorios  ocupados por los alemanes.


En un esfuerzo para demostrar las intenciones pacíficas hacia Alemania, el 13 de abril de 1941, los soviéticos firmaron un pacto de neutralidad con Japón. A pesar de que Stalin tenía muy poca fe en el compromiso de Japón con la neutralidad, sintió que el pacto era importante para su política de simbolismo, para reforzar sus lazos con Alemania. Pero Hitler había ordenado a su ejército ya finales de 1940 la preparación para la guerra en el este, independientemente de las conversaciones de una posible entrada soviética como cuarta potencia del Eje. De esta forma, la colaboración entre ambas potencias se dio por terminada en la madrugada del 22 de junio de 1941, tras producirse finalmente el ataque Alemán contra la Unión Soviética. El envío de materias primas hacia Alemania se mantuvo hasta el mismo momento del ataque, lo que permitirá al Reich mantener sus existencias de grano y caucho hasta octubre de 1941.



Una vez terminada la guerra las cláusulas secretas fueron descubiertas por el ejército británico, que las puso en conocimiento de la opinión pública. Aun siendo una de las vencedoras del conflicto, la Unión Soviética negó durante décadas la existencia de dichas cláusulas. No fue hasta agosto de 1989 –cincuenta años después de la firma del acuerdo– cuando el gobierno soviético presidido por Gorbachov reconoció que esos artículos ocultos planificaban el «reparto» nazi-soviético de Europa Oriental.





El pacto de no agresión germano-soviético

Deseosos de fortalecer la causa de la paz entre Alemania y la URSS, y procediendo con las previsiones fundamentales del Acuerdo de Neutralidad firmado en Abril de 1926 entre Alemania y la URSS, han llegado al siguiente acuerdo:

– Artículo I: Ambas Altas Partes Contratantes se obligan a desistir de cualquier acto de violencia, cualquier acción agresiva, y cualquier ataque a la otra parte, ya sea individual o en conjunto con otras potencias.

– Artículo II: Si cualquiera de las partes fuera objeto de una acción beligerante por una tercera potencia, la otra Alta Parte Contratante de ninguna manera deberá dar apoyo a esa tercera potencia.

– Artículo III: Los Gobiernos de las dos Altas Partes Contratantes deberán mantener en el futuro contacto continuo, con el propósito de intercambiar información sobre problemas que afecten a los intereses comunes a ambas partes.

– Artículo IV: Ninguna de las dos Altas Partes contratantes deberán participar en agrupaciones de potencias, que de alguna forma estén dirigidas directa o indirectamente contra la otra parte.

– Artículo V: En caso de surgir algún conflicto entre las Altas Partes Contratantes sobre problemas de cualquier tipo, ambas partes deberán resolver las disputas o conflictos exclusivamente a través de intercambios amistosos de opinión o, si fuera necesario, por medio del establecimiento de comisiones de arbitraje.

– Artículo VI: El presente tratado concluirá en un período de diez años, con la previsión que, en cuanto alguna de las Altas Partes Contratantes no lo denuncie un año antes a la expiración de ese período, la validez del tratado será extendido por otros cinco años.

– Artículo VII: El presente tratado deberá ser ratificado dentro del más corto tiempo posible. Las ratificaciones serán intercambiadas en Berlín. El acuerdo entrará en vigor tan pronto como sea firmado.

Protocolo Secreto Adicional

1.– En el caso de un reacondicionamiento territorial y político en las áreas pertenecientes a los Estados Bálticos (Finlandia, Estonia, Latvia Lituania), la frontera norte de Lituania representarán los límites de la esfera de influencia de Alemania y de la URSS. En relación con esto, el interés de Lituania en el área del Vilna es reconocida por cada parte.

2.– En el caso de un reacondicionamiento territorial y político en las áreas pertenecientes al Estado Polaco, las esferas de influencia de Alemania y la URSS, serán limitadas por la línea de los ríos Narew, Vístula y San.

La cuestión de que si ambas partes ven como conveniente el mantenimiento de un Estado polaco y cómo ese Estado deberá limitar de alguna forma, esa limitación puede solamente ser determinada en el curso de los próximos desenvolvimientos políticos.
En cualquier caso, ambos Gobiernos resolverán esa cuestión por medio de un acuerdo amistoso.

3.– En relación con el Sureste Europeo, la parte Soviética llama la atención sobre su interés en Besarabia. La parte alemana declara su completo desinterés político en esas áreas.

4.– Este protocolo deberá ser tratado por ambas partes en estricto secreto.





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viernes, 8 de enero de 2016

La captura del Gran Convoy inglés: batalla del cabo de Santa Maria







Madrugada del 9 de agosto de 1780; Don Luis de Córdova y Córdova, comandante en jefe de la flota combinada hispano-francesa se encontraba en cubierta del navío de línea Santísima Trinidad, el mayor buque de guerra construido por entonces (único de cuatro puentes) a unas 60 leguas del cabo de San Vicente. España y el Reino Unido llevan ya un año en guerra tras el apoyo español a las colonias rebeldes de Norte América, alzadas en armas contra su metrópoli. Poco después de la medianoche pudo ver cómo una lejana fragata de la flota, adelantada a barlovento para rastrear la zona, lanzaba una señal mediante el disparo de sus cañones. Sin embargo, dada la gran distancia que los separaba, no pudo contar el número de disparos con el que indicaba el de velas enemigas avistadas.

Navío Santisima Trinidad
El 29 de julio de 1780 partía del puerto de Portsmouth un convoy inglés compuesto por 55 mercantes armados, escoltado por la flota del canal de la Mancha, que debería dividirse en dos en algún punto del Atlántico: una parte se dirigiría a la India para apoyar la guerra colonial que los británicos mantenían allí y la otra a Norteamérica para reforzar y reabastecer a las tropas que combatían a los rebeldes de las trece colonias. A la altura aproximada de Galicia, la escolta abandona al convoy para regresar inmediatamente al Canal de la Mancha, ya que los ingleses temían una invasión de las islas. Y es que la escuadra combinada bajo el mando del almirante Louis Guillouet, conde de Orvilliers, y del comandante de escuadra española D. Luis de Córdova, había estado sembrando el pánico en las mismísimas costas inglesas al poner en fuga a la flota del canal, capturando al navío de línea HMS Ardent. Sin embargo no se llegó a desembarcar en Inglaterra debido a las dudas de los franceses y a una epidemia que se declaró en la escuadra. Sin embargo la población inglesa quedó muy impresionada y presionaría para que su armada defendiese de forma más efectiva sus costas, lo cual tendría consecuencias inesperadas. Así pues los mercantes debían pues navegar solos y alejados de las costas españolas y de las rutas comerciales habituales para evitar encuentros fortuitos con navíos españoles o franceses, y contarían tan solo con el apoyo de un navío de línea y dos fragatas como escolta.

España contaba por entonces con un excelente servicio de información en las islas británicas y los agentes de inteligencia españoles destacados en Londres consiguieron averiguar la fecha de salida del convoy y la posible ruta que iba a seguir antes de dividirse, enviando inmediatamente la información al Secretario de Estado, Conde de Floridablanca.

En aquellos momentos, Luis de Córdova, que había sido nombrado en febrero Director General de la Armada española, se encontraba patrullando el estrecho de Gibraltar al mando de una flota de veintisiete navíos de línea y varias fragatas, a la que se había sumado una escuadra francesa de nueve navíos y una fragata. Córdoba ejercía el mando supremo de la flota combinada a pesar de las quejas de los franceses, que dudaban de su capacidad por haber cumplido el almirante español los 73 años. Pero Floridablanca no dudaba en absoluto de la valía del viejo militar y ya en una carta fechada en noviembre de 1779 y dirigida al conde de Aranda afirmaba que «el viejo ha resultado más alentado y sufrido que los señoritos de Brest». Tan pronto como Córdova recibió la información obtenida por los espías españoles, comenzó a organizar la localización y captura del convoy británico. La escuadra combinada hispano-francesa abandonó las aguas del estrecho y se adentró en el Atlántico guiándose por las suposiciones hechas a partir de la fecha de salida, las características del convoy británico y la ruta más probable suministrada por los agentes españoles. Se enviaron varias fragatas de exploración que batieron una amplia zona del océano.

"Caza General" obra de Carlos Parilla Penagos
fuente:http://carlosparrillapenagos.es/pintura-naval/
Y así, tras una tensa espera y siguiendo la ordenanza, la fragata repitió la señal; desde el “Santísima Trinidad” pudieron contarse los disparos. Era el convoy. En ese momento Luis de Córdova ordena a la flota virar y tras calcular el rumbo para lograr que se llegase a un punto en el que, al amanecer, se encontraría con el convoy, ordenó dejar un farol en lo alto del trinquete del “Santísima Trinidad” que confundiría a los ingleses hasta el punto de dirigirlos directamente a una trampa. Eran las 4:15 de la madrugada cuando comienzan a avistarse velas en el horizonte, todas encaminadas a la luz del farol que creían una señal de su propio comandante. Pero los ingleses descubrirán tarde su error, virando todas las naves en desbandada, momento en el cual la flota española comienza a cañonear de manera selectiva a los aterrados británicos para que se detengan, ordenando una caza general para capturar y marinar (dotar a un buque de tripulación suficiente para gobernarlo) las presas inmediatamente.

A las 5 de la mañana se habían capturado ya 26 buques con 10 navíos, pero la caza continuará durante todo el día y al anochecer son 41 las naves inglesas apresadas. Solo se escapa un pequeño bergantín y seis o siete pequeñas embarcaciones de las que solo se podrá capturar a una más tarde, con lo que finaliza el día 10 de agosto de 1780 con 51 naves inglesas en poder español. A los buques huidos hay que añadir la escolta británica, un navío, de 74 cañones y dos fragatas que pusieron pies en polvorosa inmediatamente, sin hacer ni el mas mínimo amago de protección del convoy. Los ingleses no llegaron a montar sus armas impresionados por la rápida maniobra española; John Montray, almirante al mando, no dio la talla en ningún momento y abandonó literalmente a la totalidad del convoy a su suerte. Su indigna e improcedente conducta le condujo ante un tribunal militar que le juzgó con severidad.




fuente: http://www.todoababor.es/datos_docum/presas_1780.htm

Luis de Córdova y Córdova
Luis de Córdova se percatará inmediatamente del inmenso valor estratégico del material militar apresado por lo que ordena a Vicente Doz que escolte los buques capturados a Cádiz, en cuyo puerto fondean el 20 de agosto: 51 buques atestados de pólvora en gran cantidad (unos 3000 barriles) y armas (80.000 mosquetes), uniformes y vituallas para miles de soldados, suficiente para equipar 12 regimientos completos. Portaban también lingotes de oro por valor de un millón de libras esterlinas (el valor de tantas naves no pasaba de 600.000 libras). 36 fragatas, 10 bergantines, 6 paquebotes; sumaba 294 cañones; 1.350 hombres de las dotaciones de los buques, 1.357 oficiales y soldados de regimientos británicos que pasaban a ultramar como refuerzos y unos 286 pasajeros, sumando un total de 2.943 prisioneros.

Varios buques británicos pasaron a prestar servicio como fragatas en la Real Armada tras algunas remodelaciones. Así el Helbrech de 30 cañones pasó a ser la Santa Balbina de 34 cañones; el Royal George de 28 pasó a ser la Real Jorge de 30; el Monstraut de 28 a ser Santa Bibiana de 34, y los Geoffrey de 28 y Gaton del mismo porte en Santa Paula de 34 y Colón de 30 cañones.

La captura del Gran Convoy de 1780 supondrá el mayor desastre logístico de la historia naval británica. El desastre de la captura no sólo hizo caer la bolsa de Londres, sino que o un duro golpe a las tropas inglesas que combatía en las trece colonias en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos.







martes, 18 de agosto de 2015

los "nidos del águila", los cuarteles generales de Hitler (segunda parte): La Guarida del Lobo


Como ya había hecho en otras ocasiones desde el comienzo de la guerra, en la mañana del 23 de julio de 1941 y rodeado de sus más íntimos colaboradores, Hitler se trasladó en automóvil desde la Cancillería del Reich en Berlín a la cercana estación de Anthal, donde el Führersonderzug Amerika esperaba. A las 12.30 hrs. de la mañana partía en dirección a Prusia Oriental. Estaba muy pasada ya la medianoche cuando una larga columna de automóviles cruzaba el cordón de seguridad que rodeaba un oscuro bosque situado a unos 8 km de la población de Rastemburg (hoy Ketrzyn, Polonia), en las profundidades de Prusia Oriental: era la 1.30 de la madrugada del 24 de junio de 1941 cuando Hitler entraba por vez primera en el imponente conjunto de edificaciones que constituían su nuevo cuartel general, desde donde dirigiría las operaciones que conducirían a la derrota de la Unión Soviética, o al menos, eso esperaba él ( la previsión inicial era ocupar el cuartel general durante unos 3 meses aproximadamente). Durante este viaje en tren, el Führer decidió que su nuevo cuartel general se denominaría “la guarida del Lobo” (Wolfsschanze). Cuando una de sus secretarias le preguntó: “¿Y por qué lobo otra vez, igual que el otro cuartel general?” Hitler respondió simplemente: “Mi nombre en clave durante los años de lucha”.




La “Wolfsschanze” o Guarida del Lobo, será utilizada por Adolf Hitler como su principal Cuartel General desde el verano de 1941 hasta finales de 1944 y es sin duda el más famoso de los cuarteles generales del Führer durante la guerra y el más conocido por el público en general, sobre todo a raíz de las últimas y dudosas producciones cinematográficas realizadas tras el aniversario del atentado del 20 de julio de 1944. En el pasará más de 800 días. Se trató del mayor cuartel general de todos los construidos para Hitler encargándose como en otras ocasiones Frtiz Todt personalmente de un proyecto que alcanzará los 36 millones de Reichmarks y llegará a emplear hasta 40.000 trabajadores durante sus diversas fases de construcción y ampliación.



Las instalaciones del complejo que eran formidables, sin duda, en calidad y cantidad - era 8 veces más grande que el Felsenet - se extendían a ambos lados de una carretera de asfalto que atravesaba el bosque, de Oeste a Este, desde a ciudad de Rastemburg hasta Angerburg (hoy Wegorzewo), donde se situaba el cuartel del Estado Mayor General. Las dimensiones totales del conjunto eran de casi tres kilómetros cuadrados y contaba, además de con los diversos bunkers y barracones que alojaban y daban servicio al personal, con dos aeropuertos y una estación de ferrocarril, una gran central de telecomunicaciones, instalaciones para la generación de electricidad y de purificación de aire, un sistema propio de tratamiento de aguas, alcantarillado y calefacción. Todo ello articulado en torno a tres zonas de seguridad o Sperrkreis concéntricas (zonas de seguridad I,II y III) , desde la Sperrkreis I o Zona de Seguridad I, en el centro a la Sperrkreis III o Zona de Seguridad III, la más exterior. 34.000 minas rodeaban el complejo, protegido por 1500 soldados de las SS.

Durante su etapa de planificación y construcción inicial, en el verano de 1940, fue denominado Anlage Nord o Anlage N, "Instalación Norte" o "Instalación N". Incluso será denominado “fábrica de Productos químicos Askania”, ya que esta era la coartada para que los habitantes de la zona desconociesen su verdadera finalidad: se les había dicho que se iba a construir una fábrica de productos químicos, como medida de seguridad. Todos los bunkers del complejo estaban construidos sobre el suelo, o sólo parcialmente bajo el suelo y esto se debía a que se trataba de un terreno pantanoso, lo que hacía muy complicado construir en profundidad bajo la superficie.

Una de las dos secretarias privadas de Hitler hizo una descripción detallada de sus impresiones de la Guarida del Lobo el 28 de junio de 1941: “ ….Las chicas estamos alojadas igual que los hombres. Los blocaos están diseminados en el bosque formando grupos de acuerdo con la clase de trabajo que cada cual desarrolla. Cada departamento está aislado. El bunker en el que dormimos, amplio como un vagón de ferrocarril, tiene un aspecto muy cómodo forrado con paneles de hermosa madera de color claro. Cuenta con una pileta para lavarse, oculta, y un espejo, una pequeña radio Siemens con la que podemos captar los programas de gran número de emisoras e incluso tenemos estufas eléctricas y la iluminación mediante atractivas lámparas de pared es clara y buena. Hay un colchón estrecho y duro de paja. Estamos un poco apretujadas, pero no tanto como para que el alojamiento resulte incomodo (…)”.

Hitler con miembros de su seguridad personal en la Wolsschanze
Hay duchas colectivas pero todavía no las hemos usado debido a que, al principio, no había agua caliente y ahora preferimos dormir hasta el último instante, como de costumbre (…). A pesar de todo lo dicho, el sitio es maravilloso con la salvedad de la plaga de mosquitos. Tengo las piernas hechas trizas y cubiertas de ampollas. El líquido contra los mosquitos que nos dan es sólo eficaz un rato muy corto, por desgracia. Los hombres están más protegidos que nosotras gracias a sus botas altas de cuero y sus uniformes de gruesa tela; su único punto vulnerable es el cogote. Algunos van cubiertos todo el día de una grasa antimosquitos. Lo probé una tarde pero me pareció muy incómodo. Dentro de los bunkers esos pequeños monstruos no molestan tanto. Cuando aparece un mfosquito lo perseguimos hasta derribarlo. En los primeros días esto planteó inmediatos problemas de jurisdicción ya que el Jefe (Hitler) dijo que solo la Luftwaffe podía encargarse del asunto. Se dice que los mosquitos pequeños son sustituidos por una especie mucho más desagradable a fines de junio, cuya mordida es mucho más potente.¡ Que el señor se apiade de nosotros¡”.

Hitler recibe al General Agustín Muñoz Grandes el 1 de septiembre de 1941
“(…) aquí la temperatura es sorprendentemente agradable. En los interiores quizá sea incluso excesivamente fresca. El bosque impide que el calor penetre. Y una no se da cuenta hasta el momento en que sale al exterior y queda inmediatamente agobiada por el calor.” “Poco después de las 10 de la mañana nosotras dos vamos al bunker llamado “comedor número 1”, que es un cuarto encalado, alargado, semi-subterráneo, de manera que las ventanas cubiertas con gasa quedan muy altas. En las paredes hay xilografías, una de ellas representando cestos; otra a Enrique I, etc.. Una mesa para veinte personas ocupa toda la longitud del cuarto; allí el Jefe almuerza y cena en compañía de sus generales, de sus oficiales de Estado Mayor, ayudantes y médicos. A la hora del desayuno y del café de media tarde, las dos chicas vamos también allá. El Jefe se sienta de cara a los mapas de Rusia que cuelgan de la pared frontera y eso, como es natural, le induce a hacer constantes observaciones acerca de la Rusia Soviética y de los peligros del bolchevismo (…)”. “Luego, a la una de la tarde, asistimos a la conferencia acerca de la situación general, que se celebra en la sala de los mapas, donde ya el coronel Schmundt, ya el coronel Engels, exponen la situación. Esas sesiones son extremadamente interesantes. Se dan las estadísticas de aviones y tanques enemigos destruidos (…) y se muestra en los mapas el avance de nuestras tropas”. (…) “Después de la conferencia sobre la situación general llega la hora del almuerzo que nosotras tomamos en el comedor 2”.


La Guarida del Lobo presenta tres grandes fases de construcción:

1ª Fase (1940-1941); durante la etapa inicial de construcción, se edificarán casas, barracones y pequeños bunkers de ladrillo y hormigón, eclipsados posteriormente por los grandes bunkers de hormigón armado. Se construirán diez refugios antiaéreos adicionales, donde serán situados los dormitorios, estableciéndose las áreas de trabajo en los pequeños bunkers, menos protegidos.

2ª Fase (1942-1943); durante esta fase serán ampliados y fortificados los bunkers existentes y se construirán nuevos bunkers de cemento armado y ladrillo, que servirán tanto de alojamientos como de zonas de trabajo. Las ventanas se protegerán con persianas de acero. Y se construirá gran sala de conferencias en el bunker de Hitler.

3ª Fase (1944). El 22 de febrero de 1944, Hitler abandona la Wolfsschanze y con el todo el Führerhauptquartier (FHQ- Cuartel General del Führer) se trasladará al
Berghof, en Berchestgaden hasta el verano, con motivo de las obras de ampliación del Cuartel General que por entonces se encontraba ya al alcance de la aviación soviética. Durante esta última fase de construcción, todos los bunkers serán reforzados con más hormigón. Hitler personalmente ordenará que en su bunker se colocase una capa de grava entre las capas de hormigón como protección adicional contra la explosión de bombas. Será durante esta última fase de ampliación cuando se construya un refugio antiaéreo al sur de la carretera y el enorme bunker – aunque el mayor de todos será el Führerbunker - para el Reichsmarshall Göring en el que sobre el techo destacaban dos grandes plataformas antiaéreas y orientada hacia el bosque, también sobre el techo, una torreta tobruck para situar una posición ametralladora.

Para 1944, la Guarida del Lobo era una pequeña ciudad en sí misma, que albergaba a más de 2.000 personas, 1.200 oficiales y soldados del Batallón de Escolta del Führer, unos 200 miembros del RSD (
Reichssicherheitsdients, el equivalente de las SS del Servicio Secreto norteamericano) y mas de 300 chóferes, camareros, operadores de teléfono, mecanógrafos, mecánicos, y toda clase de personal administrativo y de mantenimiento.
Barracón del SS-Begleitkommando
En su libro "Hasta el ultimo momento",Traudl Junge cuenta como en el Cuartel General "se había declarado la llamada enfermedad de las barracas, que afectaba a muchos de los grados superiores. Todo el mundo quería vivir en una barraca y los bunkeres se empleaban para dormir; Speer se construyo una urbanización entera, Göring, el palacio mas puro, los médicos y ayudantes, sus residencias de verano y a Morell se le permitió incluso un cuarto de baño".

Todo el conjunto de edificaciones no era visible desde el aire ya que estaba oculto por una red de camuflaje que pendía de los árboles. Periódicamente, la Luftwaffe testaba la eficacia del camuflaje mediante reconocimientos con fotografía aérea, verificando así que el complejo era invisible para el enemigo.

Esta red de camuflaje consistía principalmente en hojas artificiales de bakelita, entrelazadas con alambre. El techo de varios de los bunkers fue cubierto por césped o pintado de verde o gris como camuflaje adicional, incluso se situaron árboles y musgo artificiales suministrados por una empresa jardinera de Stuttgart. No había carretera ni callejón que no estuviese cubierto de redes verdes y toda línea recta se había disimulado con árboles y arbustos artificiales. 


Las bombillas del exterior eran de color azul oscuro e incluso los puestos de observación, que llegaban a los treinta y cinco metros de altura, se habían dispuesto de tal manera que pareciesen pinos. Wilhelm Hirsch será el responsable del sistema de camuflaje de la Guarida del Lobo y gracias a su trabajo los aliados no conseguirán hasta 1943 la situación exacta de la Wolfsschanze. En el caso de los Soviéticos llama poderosamente la atención el alto grado de ignorancia sobre la "Guarida del Lobo" del que adolecían, hecho que resulta en especial sorprendente si se tiene en cuenta el elevado número de generales que habían capturado e interrogado entre la rendición de Stalingrado y los albores de 1945. En Enero de 1945 ¡habían tardado casi dos semanas en encontrar aquel complejo de cuatro kilómetros cuadrados¡.

En 1941, la Sperrkreis I o “Zona de Seguridad 1” estaba formada por un conjunto de barracones de madera y de blocaos de cemento de una sola planta, divididos ambos en compartimentos. Fríos y húmedos bunkers en los que uno se moría de frío por la noche y dónde el constante zumbido de la ventilación eléctrica y sus corrientes de aire no dejaban dormir. A decir verdad, había sido construido en una de las zonas más pantanosas de la región de Masuria. Incluso el propio Hitler llegó a decir resignado: “no cabe duda de que algún departamento ministerial descubrió que aquí, el terreno era más barato”. En una carta fechada el 27 de junio, el cronista oficial del Estado Mayor de Jodl se quejaba a su familia de que “ …los más horrendos mosquitos nos torturan. Es difícil encontrar un sitio más absurdo que este bosque de hoja caduca con zonas pantanosas, tierra arenosa, lagunas de agua estancada, todo ideal para que proliferen aquellas odiosas criaturas”. Y es que en esas praderas pantanosas vivían enjambres de mosquitos que le hacían la vida imposible a todo el personal del complejo, llegando incluso los centinelas a tener que ponerse mosquiteras delante de la cara. Hitler odiaba el clima de la zona por lo que en la mayoría de las ocasiones a Blondi, su pastor alsaciano, la sacaba a pasear el sargento Tornow, jefe de perros, mientras el permanecía confortablemente en el frescor de las habitaciones de hormigón de su bunker.



Dentro de la “zona de seguridad 1”, en la parte norte, se encontraba el bunker del Führer y muy cerca, la sala de conferencias denominada “lagebaracke”, donde tendrá lugar el célebre atentado del coronel Conde von Stauffemberg el 20 de julio de 1944. Las habitaciones del Führerunker estaban dotadas de un ultra moderno sistema de ventilación que ofrecía protección contra ataques de gas y disponía de sensores para su detección inmediata. Sólo había una habitación en todo el bunker con luz natural.



Führerbunker en 1944

El interior era un auténtico laberinto; desde el exterior se alcanzaban las habitaciones a través de dos cámaras de compresión en el corredor. Dos antecámaras que estaban separadas una de la otra y del corredor por dos puertas blindadas. En el primer corredor se encontraban las habitaciones de las secretarias y desde este primer corredor, había una tortuosa ruta a la segunda planta donde estaban las habitaciones de los ayudantes, Linge y el doctor Morell. Desde aquí, el corredor zigzagueaba hasta el estudio y la habitación de Hitler. Su comedor personal y su despensa se encontraban también en el bunker. A Traudl Junge, una de las secretarias del Führer, le sorprendía sobre manera que este pudiera soportar la estancia en su pequeño bunker, con un techo bajo y unas ventanas minúsculas, dada la predilección que tenía por las estancias amplias. 


aspecto del Führerbunker en la actualidad
Aunque el Führerbunker era la estructura principal, la “zona de seguridad 1” comprendía también los bunkers de Bormann, Göring, Keitel, Jodl y del doctor Dietrich. Pero dentro de la “zona de seguridad 1” también se encontraban los hombres del RSD , así como el personal de oficiales adjuntos y la oficina militar personal de Hitler, dirigida por el coronel Schmundt. Disponían de bunkers antiaéreos, una centralita telefónica, un garaje subterráneo con capacidad para 18 coches, sauna, un cine, casa de té y dos clubs de oficiales. A la Sperrkreis I se accedía a través de tres puertas: la puerta este, la puerta oeste y la puerta sur.

Keitel, Göring, Hitler y Bormann, tras el atentado del 20 de Julio de 1944
La vida en la “zona de Seguridad número 1” giraba en torno a Hitler y muy pocos gozaban del privilegio de tener un pase de seguridad especial que les permitiese entrar en la zona. Hitler vivía y trabajaba en su bunker; como era su costumbre desde hacía muchos años, se levantaba tarde, y desayunaba mientras leía los informes de situación diaria de todos los frentes y de los bombardeos sobre las ciudades del Reich. En ocasiones y si su agenda lo permitía, finalizada la lectura de los informes, daba un paseo con su perra Blondi para enfrascarse a continuación en la conferencia de situación que nunca comenzaba antes de las 14.00 hrs. Normalmente, estas reuniones no se celebraban en un bunker; desde que el cuartel general se trasladase a Vinnitsa, en el verano de 1942 – donde las reuniones de situación se realizaban en un barracón de madera en el pabellón anexo al bunker 7 (El bunker de Keitel) – se mantendrá esta costumbre a la vuelta de Hitler a la Guarida del Lobo y así las reuniones de situación diaria se celebrarán en el ala este anexa al bunker 11.

En la Guarida del Lobo, Hitler celebraba reuniones de guerra mañana y tarde, reuniones que llegaron a ser una verdadera pesadilla para los asistentes habituales dada la tendencia de Hitler a sus interminables monólogos en los que hablaba sin orden ni concierto de cualquier tipo de generalidad. Estas reuniones duraban varias horas, agotando las energías de los asistentes que tenían tareas más urgentes que cumplir. Los generales dudaban antes de hablar con claridad ante un público tan amplio y obediente. Gerda Daranowski, una de las secretarias de Hitler, escribió :” ..el cuadro más cómico se produce cuando el Jefe se pone en pie, en medio de un grupo formado por sus hombres y el fotógrafo enfoca la Leica. En ese instante, rápidos como el rayo, todos se acercan cuanto pueden al Jefe – como mariposas alrededor de la llama - para salir en la foto. Ese comportamiento me parece totalmente absurdo.” Oficiales que cuando cambien las tornas, tornaran críticos al régimen, sic transit gloria mundi….

Al otro lado de la carretera el personal del departamento de operaciones de Jodl ocupaba un parecido conjunto de edificaciones denominado Sperrkreis II o “Zona de seguridad 2”. Al Sur oeste de este anillo de seguridad zona se situaban varios bunkers y edificaciones de hormigón y ladrillo utilizados para el alojamiento del personal militar del Cuartel General y del Estado Mayor y también contaba con su propio club de oficiales y una central de teletipos. Aquí se situaba la comandancia del batallón de escolta del Führer de las SS, así como los servicios de administración. También comprendía una de las dos estaciones de ferrocarril, donde se encontraban estacionados tres trenes, para Hitler, Keitel y Warlimont con su personal de operaciones.

La “Zona de Seguridad 3” o Sperrkreiss III encerraba a las otras dos y constituía el perímetro exterior el complejo. Aquí se situaban la baterías antiaéreas así como las posiciones de nido de ametralladora. Grande campos de minas y alambre de espino rodeaban toda la Wolfsschanze en una profundidad de más de 7 km; el ejército polaco terminará de retirar las más de 34.000 minas en 1955.

Muy próximo a la Wolfsscahnze, se encontrarán los cuarteles generales del OKH (Oberkomado des Heeres o Alto Mando del Ejército) , con nombre en clave Mauerwald (cerca del lago Mauersee, en Angerburg). 
Estaba conectado con la Guarida del Lobo por una carretera y por una línea de tranvía. Hitler sólo lo visitará en una ocasión, el 5 de octubre de 1941. Robinson, el cuartel general del alto mando de la Luftwaffe, se encontraba situado en Rominten a dos horas de distancia de la Wofsschanze. El cuartler general del Reichführer SS, Hochwald, se había edificado cerca de Grosgarten (a 45 min por carretera del cuartel general del Führer). Von Ribbentrop había elegido el castillo de Steinort, a unos 90 minutos de distancia y la Cancillería del Reich, bajo la dirección del Dr. Lamers se había establecido en Rosengarten. Únicamente el Alto Mando de la Armada, el OKM permanecerá en Berlín.

Pese a lo extremado de las medidas de seguridad y a la enorme potencia defensiva de las instalaciones, el mayor temor de Hitler no era sufrir un bombardeo por parte de las fuerzas aéreas aliadas, sino un ataque con paracaidistas. Durante la conferencia de situación diaria del 17 de septiembre de 1944, había asegurado “Estoy aquí, aquí está todo el alto mando, el Mariscal del Reich, aquí está el alto mando del ejército, el Reichsführer SS, el ministro de Asuntos Exteriores¡ …. No dudaría en arriesgar dos divisiones paracaidistas si pudiese capturar a todo el liderazgo ruso en un solo golpe”.

El 20 de noviembre de 1944, Hitler subió a bordo del Amerika en el apeadero camuflado bajo el dosel del bosque y abandonó la Wolfsschanze para siempre, con el Ejército Rojo a tan sólo 69 km de Goldap, ya en Prusia Oriental. No se encontraba totalmente bien y la operación de garganta a la que debía someterse suponía una excusa perfecta para abandonar Prusia Oriental, ya seriamente amenazada. El mariscal Keitel curso las órdenes para la puesta en marcha de la Operation Inselsprung, la destrucción planificada de La Guarida del Lobo y de todos los centros de mando de la región llevada a cabo por el general Friedrich Jacob. Con el ejército soviético cerca de Angerburg, el 24 de Enero de 1945, mientras Hitler se encontraba en su nuevo cuartel general de la Cancillería del Reich, los ingenieros del ejército alemán volaron todo el complejo. El 27 de enero de 1945 los rusos llegaban a Rastemburg y capturaban la Guarida del Lobo, abandonada y dinamitada, sin lucha.

La Guarida del Lobo se abrió al público como centro de visitas en 1959 y en la actualidad, el área destinada al uso exclusivo de Hitler se ha habilitado para su uso turístico, aunque sólo permanecen unas ruinas prácticamente irreconocibles, gruesas piezas de cemento inclinadas en violentos ángulos entre los árboles. Tras el colapso comunista, el complejo ha sido arrendado a la empresa privada "Guarida del Lobo", que ha abierto un restaurante y un hotel, e incluso ha acondicionado el bunker del general Jodl en un pabellón de tiro con arco bajo techo. A finales de 2012, el Ministerio de Cultura polaco obligó a la empresa, mediante un nuevo contrato de arrendamiento, a convertir el lugar en un recinto cultural, rehabilitando la zona para mostrar una exposición permanente.