miércoles, 10 de abril de 2013

El Batallón Sagrado





El Batallón Sagrado de Tebas ha pasado a la historia como el cuerpo de élite del ejército tebano del siglo IV a.C. y unos de los mejores soldados de la Grecia antigua. Estaba formado por los mejores hombres, escogidos de entre las tropas tebanas y sometidos a un durísimo programa de entrenamiento como corresponde a cualquier fuerza de élite de cualquier tiempo. Pero lo que en realidad hace especial a esta unidad es que el Batallón Sagrado lo formaban 300 hombres, o mejor dicho, el batallón estaba compuesto por 150 parejas de amantes. Si, de amantes, todos hombres y es que en la Antigua Grecia, al contrario de lo que sucede en la actualidad, no se concebía la orientación sexual como un identificador social y la homosexualidad era común y aceptada socialmente. Grandes personajes de la época eran homosexuales declarados: Pisistrato, que fue Tirano ateniense, tenía por amante a Solón (uno de los siete sabios de Atenas), los hijos del tirano (Hamodios y Aristogiton) también eran homosexuales. Se cuenta que tiempo después dos gobernantes de Atenas Arístides y Temístocles disputaron el amor de un hermoso joven llamado Stesileo y otro personaje famoso homosexual declarado fue el gran filósofo Platón; se sabe que otros personajes como Fedro, Alepsis y Dionisio fueron amantes suyos. El mismísimo Alejandro Magno y hasta héroes mitológicos como Aquiles y su amado Patroclo pueden añadirse también a una mas que larga lista.





La homosexualidad era un hecho cotidiano en la Grecia antigua. Las relaciones entre dos hombres era un hecho aceptado socialmente. Se hablaba y se escribía de homosexualidad y de relaciones entre dos hombres con toda naturalidad.  La sociedad griega no distinguía el deseo o comportamiento sexual por el sexo biológico de quienes participaran, sino por cuánto se adaptaba dicho deseo o comportamiento a las normas sociales que se basaban en el género, la edad y el estatus social. Quizás una de las razones principales fuese que los hombres jóvenes que iban a la milicia (la gran mayoría de hombres) pasaban grandes temporadas en los campamentos únicamente rodeados de hombres y el medio varonil tendía entonces a cerrarse a sí mismo. Quizás también por esto los matrimonios fueran bastante indiferentes y tibios, ya que los hombres en sus largas campañas no se preocupaban acerca de si su mujer se enteraba de sus aventuras con otros soldados o prostitutas. Atenas era famosa por sus burdeles con jóvenes. Pero la homosexualidad griega además de en la milicia se basaba también en la educación pederasta según la cual un hombre maduro adoptaba a un joven que oscilaba entre los 15 y 18 años para guiarle en su educación; era tan largo el tiempo que pasaban juntos que era normal que el despertar sexual del joven se diera con su erasta, este lo educaba y el joven era incluido en el círculo social de su erasta que en la mayoría de los casos pertenecía a una élite en la sociedad; está claro que este tipo de instrucción la recibían únicamente los jóvenes de familias nobles, ya que era un lujo y un privilegio que un joven tenga por maestro a un ciudadano ilustre como guía.

Se suponía que los hombres que amaban a otros hombres emularían y tratarían de parecérseles, mientras que los hombres que amaban a mujeres terminarían pareciéndose a ellas. Esta idea se ve reflejada en el discurso de Aristófanes en El banquete de Platón: "Quienes aman a hombres y sienten placer en acostarse con hombres y en ser abrazados por hombres son también los muchachos más hermosos y jóvenes, y –naturalmente– los más masculinos." La literatura popular estaba llena de proezas homosexuales de figuras arquetípicamente masculinas como Zeus, Heracles o Aquiles entre otros.  Se distingue entre el homosexual pasivo y el activo. Aristóteles considera totalmente "natural" al homosexual pero ve al pasivo con ciertas connotaciones negativas: "Esta disposición se da naturalmente en ciertas personas [...] Cuando la naturaleza es responsable, a nadie se le ocurriría llamar inmorales a esas personas en mayor medida que a las mujeres, porque en el coito éstas son más bien pasivas que activas [...] Y el que un individuo con esta disposición la venza o ceda a ella no es un problema moral propiamente dicho." (Ética a Nicómaco 7.5.3-5).  Así pues, en la Grecia antigua nunca se juzgaba a las personas sobre la base del sexo, sino que se las calificaba como "castas" o "no castas", "casadas" o "célibes", pero nunca en categorías de "homosexual" y "heterosexual". No existían estas categorías en el mundo griego.


Los filósofos Socráticos pensaban que un ejército sería más fuerte si estaba constituido por parejas de amantes masculinos debido a los lazos que se forman y esto hacía que peleasen con más vigor. Fue Platón en “El banquete o del Amor” (escrita sorprendentemente dos años antes de la formación del Batallón sagrado, es decir hacia el 380 a.C.) quien primero reflexionó acerca de la conveniencia de la formación de un estado o de un ejército formado por parejas de amantes: “(…) si por cualquier circunstancia, un Estado o un ejército pudieran estar compuestos sólo de amantes y de amados, no habría pueblo que llevase más alto el horror al vicio y la emulación de la virtud. Los hombres, así unidos, aunque en pequeño número, podrían en cierto modo vencer al mundo entero”.



Así pues será el comandante tebano Górgidas quien basándose en estas ideas pasó de la teoría a la práctica creando el Batallón Sagrado de Tebas en el 378 o el 377 a.C. que estaba listo en todo caso para entrar en acción en la primavera del 376 a.C. Estaba compuesto por 300 jóvenes hoplitas escogidos de entre los mejores hombres del ejército tebano, encuadrados exclusivamente por parejas de amantes, ambos hombres, un veterano llamado Heniochoi (conductor) y otro componente más joven llamado Paraibatai (compañero). ¿El secreto de su fortaleza? No hay lazos más fuertes entre dos personas que los del amor y el cariño y eso en un campo de batalla vale su peso en oro. Plutarco lo explica así:




“Para hombres de la misma tribu o familia hay poco valor de uno por otro cuando el peligro presiona; pero un batallón cimentado por la amistad basada en el amor nunca se romperá y es invencible; ya que los amantes, avergonzados de no ser dignos ante la vista de sus amados y los amados ante la vista de sus amantes, deseosos se arrojan al peligro para el alivio de unos y otros.” 


Desde luego sorprende ver, aunque sea en la Grecia clásica con los antecedentes que hemos comentado, un batallón compuesto exclusivamente por soldados homosexuales que vencieron incluso a los más rudos lacedemonios. Pero es que el sistema del agrupamiento por parejas se mostró tremendamente efectivo y la propia legislación tebana legitimaba, protegía y potenciaba este tipo de vínculos homosexuales que debían estar muy extendidos en la ciudad en la que estaban plenamente aceptados. Tebas exigía de los soldados de este batallón una dedicación total al ejército, del cual ellos constituían su élite. Se trataba de un cuerpo profesionalizado mantenido a sueldo por el Estado, que en tiempo de paz guarnecía la ciudadela de la Cadmea y en época de guerra ocupaba la vanguardia del ejército. Así pues, como unidad profesional y permanente al servicio de la ciudad, esta magnífica unidad reunía las ventajas de un cuerpo mercenario (profesionalización) al patriotismo de la milicia ciudadana.

En la primavera del 375 a.C. el Batallón Sagrado se cubrió de gloria en Tegira, al destrozar dos moras lacedemonias, y es aquí donde, actuando como un grupo compacto, mostró su capacidad de penetración en la falange contraria. Después se convirtió en una pieza básica del orden oblicuo de Epaminondas transformándose en su principal brazo ejecutor, al formar en el ala izquierda de la falange tebana. Pelópidas, quien encabezó la conjura conocida como la de ‘los siete contra Tebas’, estaba unido sentimentalmente a Epaminondas que fue puesto al frente del ejército tebano rearmado tras la expulsión de los espartanos (Tebas vivió un corto período de hegemonía sobre la Hélade, que comenzó con su liberación del dominio espartano y su rearme militar; el cual dio lugar a la formación del Batallón sagrado). Si bien no está claro quién de los dos fue el responsable de formar el batallón, lo cierto es que ambos habían conocido y experimentado el enamoramiento hacia un par. Por lo demás, era conocida en Tebas la leyenda por la cual Hércules había sentido una gran pasión por Iolao, soldado tebano ante cuya tumba los integrantes del Batallón sagrado se juraban fidelidad.


No es de extrañar que quienes hayan sido responsables por el rearme de la Ciudad de Tebas hayan tenido en cuenta la práctica de formar batallones con personas entre las cuales exista un vínculo social previo; pero muy probablemente, hayan querido dar al Batallón sagrado una cohesión mucho mayor que la que podían dar los lazos de parentesco o de amistad. El batallón recibió el nombre de “sagrado” probablemente por el hecho de que las parejas de amantes que lo componían debían realizar un juramento por el cual se obligaban, ante las divinidades, a vencer junto a su pareja o a morir junto a ella. Tal juramento, realizado ante la tumba de Iolao, implicaba un compromiso de fidelidad y protección mutua durante el combate, y el deber de no separarse nunca durante el mismo.



Será en la Batalla de Tegira (375 a. C.) donde el batallón sagrado se distinga especialmente y pasará a los anales de la historia. Esta batalla enfrentará a las fuerzas de hoplitas de Tebas y Esparta: un ejército tebano bajo el mando de Pelópidas será desafiado por una fuerza espartana considerablemente mayor mientras se retiraban de un ataque fallido en Orcómeno. Los tebanos atacaron con éxito a un ejército considerablemente superior en efectivos y derrotaron a los espartanos constituyendo la primera ocasión en el registro histórico en el que una fuerza espartana había sido derrotada por un enemigo numéricamente inferior en una batalla complicada. Pelópidas ordenó a la caballería tebana cargar mientras la infantería adoptaba una formación densa. Cuando las dos falanges se reunieron la compacta formación tebana rompió la linea espartana en un punto de contacto volviendose luego para atacar los flancos vulnerables de los espartanos. El encarnizado combate que siguió enfrentó a los mejores soldados de Grecia y fue tan encarnizado que el choque de ambos ejércitos confronto al propio Pelópidas y su guardia contra los comandantes del contingente espartano que fueron derrotados y muertos, causando que las tropas espartanas que se dispersasen y huyesen aunque la persecución tebana se viese limitada por la proximidad de Orcómeno.




Ejercito espartano marchando





Epaminondas logrará estos éxitos gracias a su innovación táctica que consistía en disponer a la falange en línea oblicua apoyada por la caballería. Era una táctica que ya se había empleado antes por otro general tebano: Pagondas, que en el contexto de la Guerra del peloponeso rechazó una invasión ateniense, que utilizaban el modelo de falange tradicional, venciéndolos en la batalla de Delio. Según este sistema de orden oblicuo, el grueso de los hoplitas se situaba en un ángulo de derecha a izquierda del campo, mientras que en el extremo izquierdo, Epaminondas concentraba un gran cuadro con los mejores hoplitas, con el Batallón Sagrado en su vanguardia, de cincuenta hombres en profundidad, a veces precedidos o flanqueados por la caballería para limpiar de infantes ligeros o caballeros enemigos el terreno, o apoyar o reforzar posiciones y avances.




El batallón Sagrado formó parte de la infantería tebana durante más de 33 años e hizo también las veces de guardia personal demostrando en números combates un valor y un arrojo sin igual en otras unidades.


batalla de Queronea

El final del Batallón fue trágico: durante la batalla de Queronea (Beocia) en año 338 a.C. que enfrentó a las fuerzas conjuntas de Tebas y Atenas contra el avance de Filipo de Macedonia. Tras largo tiempo de duro combate Filipo trató de realizar con su ejército un movimiento de giro, retirando su ala derecha y haciendo rotar toda la línea sobre su centro. Al mismo tiempo, empujando hacia delante, el ala izquierda macedonia atacó a los tebanos del ala derecha aliada y abrió brecha en la línea griega. En la izquierda helena los atenienses persiguieron a Filipo, pero su línea se alargó y desordenó momento en el que los macedonios dieron la vuelta, atacaron y pusieron en fuga a los exhaustos e inexpertos soldados de Atenas. El ala derecha griega, asaltada por las tropas macedonias dirigidas por Alejandro, también comenzó la retirada; será en este punto de la batalla cuando el Batallón sagrado se vió rodeado por las tropas de Alejandro y en la lucha el Batallón sagrado perdió hasta el último hombre.

batallón sagrado en la batalla de Queronea





Se dice que Filipo, terminada la batalla y contemplando la matanza de la que fue víctima el Batallón sagrado, exclamó llorando: “¡Que muera todo aquel que piense que entre estos hombres existió algo vil o deshonroso!”. Así lo narra Plutarco:




“Victorioso Filipo posó su mirada en los cadáveres y preguntó: quiénes son éstos casi trescientos muertos abrazados entre sí hundidos y acoplados en muerte y en amor.


Le respondieron: son los de Tebas el Batallón Sagrado de Pelópidas de amantes y de amados los viriles de Tebas de la estirpe de Layo. Filipo respondió: Perezca el hombre que sospeche que estos hombres o sufrieron o hicieron algo inapropiadamente.”


Probablemente esta reacción sea más comprensible si se tiene en cuenta que Filipo de Macedonia perteneció en su juventud al Batallón sagrado de Tebas, ciudad a la que fue llevado de rehén y donde conoció a Pelópidas y a Epanimondas.


Más allá de esos dichos, lo cierto es que Filipo permitió que se les diera sepultura a los cuerpos sin vida de los integrantes del Batallón, en el lugar donde dicha formación militar se colocó para la lucha y donde cayeron vencidos. También les fue permitido a los tebanos levantar un monumento en honor al Batallón sagrado, cerca del lugar donde fueron enterrados sus soldados. Dicho monumento tenía la forma de un león, y recibió el nombre de “León de Queronea”. Fue descubierto en 1.818, fragmentado en varias piezas. Sin embargo, pudo ser reconstruido sobre una base de tres metros de altura. Cerca del monumento se encontró durante una excavación en 1924 una tumba comunal con 254 cuerpos colocados en siete filas. Lucharon juntos, murieron juntos y descansaron juntos.






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