sábado, 27 de abril de 2013

El Templo de Artemisa en Éfeso


El templo de Artemisa se encontraba en la antigua ciudad de Éfeso a unos 50 km al sur de la moderna ciudad portuaria de Esmirna, en Turquía.


A Artemisa, hermana de Apolo, se le rendía en Éfeso un culto en cierto modo prehelenístico, representando más la fertilidad que la virginidad que significaba para los griegos que asimilaban todas las deidades extranjeras bajo alguna de las formas de las divinidad del Olimpo (sincretismo) y esto fue lo que sucedió con un antiguo culto en esta zona habitada por léleges y lidios. Así pues, el lugar en el que se fundó el santuario de Artemisa habría sido ya objeto de veneración por las poblaciones locales que practicaban allí el culto a la Diosa madre o a Cibeles, culto al que después se asimiló el de Artemisa. Tras la llegada de los colonos jonios a la diosa se la representa con una corona amurallada, símbolo de Cibeles y al igual que ella, la Artemisa de Éfeso era servida por esclavas llamadas megabyzae.


Salvaje, independiente y de una fuerza y belleza superiores, así aparecía Artemisa, la diosa de la fertilidad, la caza y la guerra, en la mitología griega. Hija de Zeus y hermana gemela de Apolo, es una de las doce grandes divinidades olímpicas. En su honor el rey Creso de Lidia mandó erigir el templo de Artemisa en Éfeso,en cuyo interior se hallaba la estatua de la diosa, una obra de dos metros de altura en madera de vid revestida con plata y oro.

El templo fue diseñado por el arquitecto griego Quersifrón, de la ciudad cretense de Cnosos y construido alrededor del año 550 a. C. siendo terminado por Metágenes, hijo de Quersifrón, con ayuda de Teodoro, el arquitecto del Hereo de Samos. De 115 m de largo por 55 m de ancho y realizado principalmente en mármol, era el más grande de todo el mundo griego. Constaba de 127 columnas cada una de 18 m de alto. En la fachada occidental tenía tres filas de columnas (con un total de 36), divididas en tres hileras de ocho columnas, dos columnas a los lados de las antas y una doble fila que dividía el gran pronaos en tres naves. La cella era alargada y estrecha, como en los templos arcaicos, y al fondo había un baldaquino, en el que se hallaba la estatua de culto, sobre los restos del altar del siglo VII a. C. En la fachada posterior las columnas eran 9, y 21 a los lados.

Albergaba varias obras de arte: esculturas de los renombrados Policleto, Fidias, Cresilas y Fradmon, pinturas, y columnas forradas de oro y plata. Varias de esas esculturas se referían a amazonas que, según la leyenda, se habían encontrado en esa región.



Tras el incendio provocado en la noche del 356 a. C. (momento del nacimiento de Alejandro Magno, hecho que dio pie a gran número de interpretaciones fantásticas), la obra de reconstrucción se prolongó durante muchos años. Esta reconstrucción sería arrasada por los godos en el año 262 en tiempos del emperador Galieno y esto, unido al hecho de que la mayoría de los efesios se habían ido convirtiendo al cristianismo hizo que el antiguo templo perdiese su interés religioso. Los cristianos derribaron los restos del edificio y reutilizaron los materiales para otras construcciones.

ruinas del Templo de Artemisa, Éfeso

1 comentario:

  1. La verdad es que Efeso merece la pena, y mucho, pisarla por visitar la ciudad,..., ahora bien, del Templo de Artemisa como se puede ver en la última foto quedan un par de piedras, nada más. Una pena. De hecho ni me digne a pasear ya que todo el mundo, incluida la Lonely Planet, negaba que mereciese la pena...

    El único templo que merece la pena en las cercanías yo creo que es el de Apolo en Dídima que ha mantenido el tipo bastante dignamente.

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