domingo, 7 de abril de 2013

La seguridad personal de Hitler en la Cancillería del Reich




Un aspecto muy importante del día a día del complejo de la Nueva Cancillería de Berlín, tratándose de la sede del Jefe del Gobierno, primero y del Jefe del Estado, después, era sin lugar a dudas la seguridad. Y contra todo pronóstico, como veremos a continuación, distaba mucho de la imagen de férreo control que normalmente se tiene de la Alemania nacionalsocialista. Un estudio detallado de las regulaciones de seguridad revela debilidades y huecos en la seguridad, muchos de los cuales fueron reconocidos en la correspondencia de la cancillería. 


guardia de honor de las SS en el Patio de Honor
Nueva Cancilleria del Reich

La primera impresión que recibía un visitante de la Vieja Cancillería en la entrada principal del 78 de la Wilhelmstraße era la presencia de varios policías y centinelas del ejército (en 1934 se instalarán habitaciones especiales para la guardia del Reichwehr en la planta baja del ala sur) o las SS. La coincidencia de varios servicios de seguridad (Policía de Berlín, Gendarmería, SS, SA, Reichswehr ) operando dentro del edificio hará necesaria una división racional de las responsabilidades y así, en 1936, el Secretario de Estado Dr. Lammers, Sepp Dietrich, comandante de la LSSAH, el capitán Deckert (responsable de seguridad de Lammers) y el capitán de la Policía de Berlín (XVI distrito), Klopien se reunirán para clarificar las funciones de los cuerpos de seguridad: los centinelas de la policía tendrían plena responsabilidad en asuntos policiales como controles de identidad y regulación del tráfico y la guardia de las SS les apoyaría en esas funciones y además se harían cargo de la seguridad en el interior de la Cancillería.



De esta forma, establecerá la siguiente distribución de funciones de los distintos cuerpos encargados de la seguridad: en la entrada principal del 78 de Wilhelmstraße habría un centinela de la policía (puesto I) estacionado día y noche sólo para una vigilancia discreta de extraños, pero sin puestos de control de identidad, que se llevaba a cabo en el centro de recepción. El puesto II estaba estacionado en la puerta del patio interior, hacia los apartamentos de Hitler; aquí se verificaba que las personas que accedían estaban debidamente acreditadas. Las personas sin el pase apropiado debían ser remitidas a la entrada principal para recibir el permiso adecuado del recepcionista de guardia. Los repartidores y mensajeros debían ser enviados por el recepcionista, que les entregaba una etiqueta de metal que les identificaba como autorizados; este debía recordar exactamente quien había sido enviado y quien había vuelto con la ficha. El hecho de que un visitante accediese al edificio fuera del control de seguridad representaba una brecha en la seguridad. El puesto III debía controlar la identidad y la autorización para acceder en coche por la puerta principal y regular para tráfico rodado, con la asistencia de la guardia SS. La puerta estaba cerrada desde las 19.00 a las 7.00 hrs y también permanecían cerradas cuando se reunían grandes multitudes de personas en la zona. En los jardines de la cancillería, guardias de la policía con perros patrullaban desde las 00.00 a las 5.00 hrs. Los miembros del Reichssicherheitsdienst (RSD) y del SS-Begleit-Kommando, responsables de la seguridad personal del Führer, tendrían autorización expresa para utilizar cualquier entrada. No obstante si los miembros de la policía de guardia en ese momento en los accesos no les conocían personalmente, debían verificar su identidad antes de permitirles el paso. 


guarida de la LAH de las SS frente al despacho
de Hitler, Nueva Cancillería del Reich

Durante los siguientes años se fue incrementando visiblemente la presencia de la guardia de las SS en el interior y el exterior del edificio y así, una regulación de la LSSAH para sus centinelas de servicio en la Cancillería del Reich del 10 de agosto de 1938 establecía que, cuando el Führer estuviese presente en el edificio, la guardia SS constaría de 1 oficial al mando, 3 oficiales asistentes y 39 hombres. Durante su ausencia, la plantilla sería de 0:3:33. Así, bien 13 u 11 guardias, en función de la presencia o no de Hitler en la Cancillería, estarían de guardia permanentemente en sus puestos. El 15 de septiembre de 1938 una nueva regulación para la guardia de las SS establecía un total de 1:2:12, como sigue: Puesto I en la oficina de los Adjuntos, armado con una pistola, Puesto II en la antesala de la cocina (pistola), puesto III a lo largo del frontal de los jardines (carabina), puesto IV en la entrada del garaje de la Hermann Göring Str. (pistola). Los pasillos entre el área de la Cancillería presidencial y las oficinas del Stabschef SA Lutze, estaban al cargo de una guardia de las SA que verificaba la identidad de toda persona que deseara acceder a la Cancillería desde aquí; debían explicar por qué no habían accedido desde la entrada principal del 78 Wilhelmstraße. Aquí, el recepcionista hacia el primer control de identidad y los visitantes eran acompañados por personal apropiado. Durante las horas puntas de afluencia de personas había dos recepcionistas de servicio y un tercero adicional podía ser movilizado en caso de necesidad. Los recepcionistas eran advertidos para no dar ninguna información sobre la presencia del Führer ni de ningún alto funcionario en el complejo.



Pero aún había otro servicio más de seguridad operando dentro de la Cancillería, el Sicherheitsdients de la Cancillería del Reich o SD (no confundir con su homónimo de las SS) y sus miembros tenían la responsabilidad de prevenir cualquier peligro o acción criminal dentro del edificio. Al principio, este SD estaba compuesto de algunos oficiales de la policía criminal y varios gendarmes pero el 1 de octubre de 1935 los gendarmes serán reemplazados por personal civil de la Cancillería, Ministerialamtsgehilfen, para evitar los frecuentes cambios en el personal que tanto molestaban a Hitler, predispuesto de por si desde los años de la lucha por el poder a desconfiar de la policía. Como con el resto de los servicios de seguridad, Rattenhuber tenía plena autoridad para dar al SD órdenes y directrices. Por la noche, dos de sus hombres estaban de servicio y tres durante el día. En ocasiones especiales, como el cumpleaños del Führer, su número se doblaba; normalmente, durante el día, su plantilla estaba formada por 9 hombres en turnos de 3: puesto I estacionado en la entrada del hall de la planta baja y el pasaje de acceso al patio interior. Era responsable de remitir a las personas de vuelta a la recepción si no tenían el pase necesario y para verificar que los visitantes dejaban sus fichas cuando se iban. Puesto II responsable del Hall y pasillos de la planta baja y a diferencia del puesto I no estaba estacionado sino que tenía que patrullar las entradas y pasillos y asegurarse de que todas las personas que estaban allí estaban debidamente autorizadas. El puesto III se encargaba de patrullar la primera planta, con las mismas funciones que sus compañeros del puesto II. Las antesalas de la oficina del Canciller, así como las del Secretario de Estado y Jefe de la Cancillería, eran vigiladas lo más estrechamente posible y cualquier visitante era controlado con gran meticulosidad. Por la noche los miembros del RSD se hacían cargo de la recepción, desde las 22.00 hrs. En este momento todos los puestos y entradas eran cerrados. El puesto I estaba ahora estacionado en la oficina de recepción, respondía al teléfono y abría las puertas tan pronto era requerido. El puesto II patrullaba la planta baja y ocasionalmente la primera. Cualquier extraño sin pase válido debía ser arrestado en el acto y llevados a la comisaría de Policía del 16 distrito de Berlín. En caso de cualquier tipo de incidente se debía informar telefónicamente al capitán Deckert al momento.




Estas medidas de seguridad eran insuficientes si mucha gente pululaba alrededor de la cancillería, como en el caso de celebraciones especiales. En el apretado espacio de la vieja cancillería, la vigilancia resultaba extremadamente complicada cuando había mucha gente allí y el personal de seguridad no disponía de suficientes habitaciones para moverse como necesitaban. El 30 de enero de 1937, 84 diplomáticos extranjeros fueron invitados a presenciar el desfile de antorchas desde la Cancillería; mucha gente se reunía allí en tales ocasiones y los peligros potenciales a la seguridad quedan ilustrados con el hecho de que en esta ocasión, un pase sin nombre mandado a la delegación holandesa será extraviado. Durante la visita del Almirante Horty en agosto de 1938 se dispuso de 100 guardias extra de la LSSAH en servicio en la cancillería, para dar la impresión de control total a un observador ajeno.



Debido a algunos incidentes achacables a cierta irresponsabilidad y a la juvenil interpretación de lo que significaba formar parte de un cuerpo de élite que tenían los hombres de la LSSAH, la Cancillería estimo necesario amonestar por escrito a Sepp Dietrich en varias ocasiones, ya que los guardias de las SS subían y bajaban en los ascensores para pasar el tiempo y durante dos años los ganchos de los percheros de la antesala de la oficina de Hitler se rompían durante las noches. Además, los SS escuchaban la radio en su sala de guardia a todo volumen con las ventanas abiertas a todas horas. Lammers remitió una carta de protesta a Bückner en octubre de 1935. Los antepasados arios, la afiliación al partido y lealtad general, requisitos indispensables en los miembros de la guardia de la LSSAH, no solían producir un nivel elevado de eficacia en la vigilancia y así métodos ordinarios de control, basados en los principios de recompensa y castigo se harán indispensables. Por todo esto, los guardias SS eran supervisados por un servicio de control, SicherheitsKontrolldients, establecido en 1939 tras el intento de asesinato de Elser. Cada poco tiempo, oficiales de este servicio verificaban que todo el mundo se encontrase en sus puestos. 



Pero en algunas ocasiones la seguridad podía ser una molestia. Así, los guardias de las SS en el exterior del invernadero fueron advertidos varias veces para que no pasasen demasiado cerca de las ventanas y entradas para que no molestasen las reuniones que allí se celebraban. Uno de los ayudantes del Führer protesto ante la LSSAH ya que uno de sus centinelas se había quedado mirando por la ventana con la nariz pegada. Pero los problemas continuaban; en junio de 1936 uno de los oficiales de servicio de la guardia SS se quejó de que sólo disponían de 5 cartuchos de munición por rifle mientras que los guardias de la Wehrmacht tenían 2 cajas completas de munición. Además, no disponían de llaves para la puerta de la Wilhelmstraße por lo que una puerta provisional de madera estaba abierta innecesariamente día y noche. Pocos días después, el oficial al mando de la guardia de las SS informó que el muro de separación contiguo al jardín de la Cancillería estaba sin protección aunque este jardín vecino tenía el terreno más elevado y era más fácil trepar y saltar el muro; de hecho dos mujeres fueron arrestadas el 8 de junio trepando el muro para entrar en el jardín de la Cancillería.



No obstante, como es lógico, aunque los desconocidos tenían grandes dificultades para acceder a la Cancillería, seguía habiendo fallos en la seguridad. Un vendedor desempleado consiguió montar una escala en una cerca de construcción en la Vosstrasse que paso desapercibida a los guardias, a plena luz del día 11 de enero 1937, sobre las 14.30 ; por ella accedió a la Cancillería por la ventana de un baño abierta. Quería desesperadamente ver al Führer para pedirle trabajo, ya que llevaba cinco años en paro. Portaba una pistola de aire comprimido. Una criada informó sobre el extraño hombre y alertó al guardia del SD, un sargento retirado de la policía. Fue detenido por otro guardia que una vez comprobó la extraña identificación que tenía y tras unas breves preguntas decidió que no tenía malas intenciones y le dejo ir. Informado el capitán Deckert telefónicamente, ordeno el arresto de esta persona. Como resultado de este fallo de seguridad, un guardia adicional de las SS fue puesto de guardia en esa cerca. Estos descuidos momentáneos de los guardias podían llegar a ser muy peligrosos.


Insignia de bocamanga del SD
(Sicherheitsdienst)-Bundesarchiv 

Los recepcionistas tenían prohibido informar sobre la presencia de Hitler en la Cancillería y el RSD exigía un estricto silencio sobre las llegadas y salidas no oficiales de Hitler. Incluso si un guardia debía acompañar e Hitler a la opera era informado unos minutos antes de la salida. No obstante y en contradicción con esta norma elemental de seguridad, el estandarte personal de Hitler era izado por la guardia de la LSSAH en cuanto su coche entraba por la puerta principal y permanecía izado durante todo el tiempo que el Führer pasaba en la cancillería, siendo arriado en cuanto la abandonaba. Pocos días después de la inauguración oficial de la Nueva Cancillería, el 18 de enero de 1939, se doblará la guardia de la Wehrmacht del Wachregiment Berlín, rebautizado wachregiment "Grossdeutschesland", que normalmente montaba guardia en la puerta de la Vosstrasse 4 (Präsidialkanzlei); la plantilla contaba con 1 oficial y seis hombres, con tres carabinas. La entrada principal de coches normalmente también estaba custodiada por miembros de la Werhmacht y al menos, un policía siempre estaba de servicio allí. Soldados y SS no siempre se apostaban en las mismas entradas, quizás como parte del esfuerzo por evitar atentados. 



También había un guardia de las SS en la entrada privada de Hitler y otros dos en la gran galería, frente a la puerta del despacho del Führer , con carabinas (pistolas durante la noche), uno en la entrada de la sala redonda y otro en el lado de la entrada hacia la Vosstrasse 6 y hacia la gran galería. Esos dos guardias serán reemplazados más adelante por miembros del RSD. Dos centinelas (SS o Wehrmacht) frente a la entrada de la Vosstrasse 4 y Vosstrasse 6. Como ya hemos mencionado, el número 2 estaba siempre custodiado por una guardia de las SA. En eventos especiales un guardia adicional de las SS era dispuesto en la entrada de la gran galería y otro en la entrada de la gran sala de recepciones. Además de todos estos llamativos centinelas de las SS había siempre hombres del RSD, normalmente en uniforme, siempre que Hitler estaba cerca y varios patrullaban el edificio y los jardines constantemente. Era improbable que nadie pudiese entrar sin ser visto, a menos que un guardia estuviese dormido, como ocurrió ocasionalmente, por ejemplo el 19 de marzo de 1939 mientras el Führer estaba en la cancillería, a las 0.45 un oficial de servicio, el SS-Obersturmführer Nothdurft encontró al SS-Rottenführer Nowotzek dormido en su puesto.



relevo de la guardia de las SS frente a la entrada
de la vieja Cancillería del Reich
Otro aspecto a tener en cuenta en la seguridad del complejo era el control de las personas que accedían a él periódicamente. Al menos unas cuarenta personas tenían acceso libre a la nueva cancillería si deseaban almorzar con el Führer; sólo debían telefonear a un asistente de Hitler e informarle de que asistirían. Pero pocas personas, como Albert Speer, podían llegar hasta allí conduciendo su propio coche, ser reconocido sin más por el guardia y pasar sin más problemas. Una vez se accedía a los apartamentos privados del Führer, un guardia del SS-Begleit Kommando normalmente les permitía entrar en las habitaciones de Hitler sin compañía. Allí accedían a una antecámara donde se encontraban ya varias personas esperando para comer. En esta zona Hitler se movía por las distintas estancias sin escolta. Estos privilegios se mantendrán en su círculo hasta el atentado de julio de 1944, cuando los privilegios de sus visitantes solo se verán alterados por el examen de sus maletines.



Los pases, junto con los centinelas, incrementaban la seguridad, salvo excepciones puntuales. Los pases requeridos para entrar en la Nueva Cancillería eran una fuente constante de dificultades y de potenciales brechas en la seguridad. En enero de 1939 , pocos días antes de la inauguración del nuevo complejo, Brückner ordenó a Rattenhuber que preparase nuevos pases e identificicaciones con fotografías para todo el personal de servicio en la Cancillería. Pero había tantos tipos de pases que generaban más confusión que control. Algunas veces los funcionarios más antiguos de la cancillería rehusaban cooperar o bien se mostraba demasiada deferenencia por las altas personalidades. En abril de 1939 por ejemplo, aun se permitía el acceso a las personas que tenían pases validos acompañados de personas que no tenían ningún tipo de pase. Esta práctica estaba basada según los registros de la guardia en órdenes orales de Wernicke. Varios tipos de pases viejos que databan de los tiempos anteriores a la inauguración del nuevo edificio seguían siendo aceptados por los guardias, al igual que ocurría con los pases expedidos por el Berghof mediante los cuales el portador estaba autorizado al acceso a las salas de Hitler.



En julio de 1939 uno de los guardias de las SS descubrió que el policía del puesto de guardia 8 frecuentemente dejaba su puesto por lo que la puerta en el antiguo patio (Wilhelmstraße 77) permanecía sin vigilancia; cuando un centinela de las SS se situó allí durante la noche del 13 de julio y toda la mañana siguiente y no permitió a nadie el paso sin el pase apropiado, muchas personas no pudieron acceder a su puesto de trabajo y no hubo más remedio que prolongar temporalmente siete u ocho tipos de pases ( para acompañar a Hitler, fotógrafos y trabajadores de la cancillería ) pasados de fecha . Esto da una idea del desbarajuste que existía aun en este momento y de la laxitud en el cumplimiento de las normas de seguridad por parte del personal de la Cancillería. Para principios de agosto de 1939 aun no se había regularizado satisfactoriamente esta situación. Cuando el NSKK-Oberführer A.B.Albrecht fue advertido por miembros de la escolta de este tema, sólo pudo responder que no era posible hacer nada hasta septiembre ya que los oficiales que tenían que preparar la nueva reglamentación no regresaban a Berlín hasta entonces.



Pero la inminencia de la guerra acelerará el proceso. Una nueva reglamentación sobre los pases de acceso a los apartamentos del Führer, la Nueva Cancillería, Cancillería del Presidente del Reich, Cancillería del Führer del NSDAP y Comandante supremo de las SA entró en vigor el 1 de septiembre de 1939. Para entrar en las habitaciones del Führer era necesaria una tarjera de identidad rígida de lino gris, con la fotografía del portador, un sello dorado en el reverso y una franja amarilla diagonal en el anverso. El pase debía llevar la firma del jefe de la Adjuntant de Hitler, el SA-Obergruppenführer Brückner y eran elaborados por el RSD. Las personas que intentaran acceder sin la identificación apropiada eran retenidas en el acceso.


SS Gruppenführer Johann Rattenhuber

Los pases para acceder a otras zonas eran emitidos por la Cancillería y firmados por Lammers o Brückner y el RSD disponía de un listado de estos; eran similares a los anteriores pero sin línea amarilla diagonal. Un tercer tipo de pases, para los trabajadores, también era emitido por la cancillería. Eran de color blanco y firmados por Lammers. El RSD también disponía de un listado de estos y eran responsables de la comprobación de seguridad de los mismos que efectuaba la Gestapo y la Kripo. Si algún trabajador debía entrar sin demora por una emergencia (rotura de tuberías, etc..) oficiales de seguridad debían acompañarlo durante toda su estancia en el interior del complejo. Las personas que deseasen visitar la Nueva Cancillería debían solicitar un permiso a Brückner o a su adjunto, el SS-Sturmbannführer Wernicke, al director de la Oficina de la Cancillería Ostertag o a su adjunto el mayor de la policía Deckert. El RSD debía informar sobre todas las solicitudes. Al garaje en la Hermann Göring Str.podían acceder sólo aquellas personas en posesión de un pase adicional de color verde firmado por el SS-Obersturmbannführer Kempka; el acceso estaba vigilado por un guardia de las SS.



La pérdida o robo de un pase debía ser comunicada al RSD inmediatamente. Los obreros de la construcción y otros trabajadores que tuviesen que entrar en la cancillería debían devolver sus pases después de terminar sus trabajos, pero la oficina administrativa del RSD debía intentar repetidamente recuperar los pases no devueltos. Si no podían ser recobrados eran declarados inválidos y todo el personal de seguridad era informado; pero el único medio seguro de prevenir el uso no autorizado de pases sin interferir en el quehacer diario de la cancillería era el cambio periódico de todos los pases. En junio de 1939 el asistente jefe personal de Hitler, Heinz Linge perdió su pase y aparentemente se descuido en comunicárselo a las autoridades; en noviembre Rattenhuber escribió resignado a la LSSAH que el viejo pase de Linge era inválido y que Linge aseguraba no recordar que había pasado con él; Rattenhuber recordaba a todo el mundo que la pérdida de un pase debía ser comunicada inmediatamente. Para finales de 1940 en número de pases de acceso emitidos para la cancillería y los apartamentos privados de Hitler pasaba de los 1000 y debía haber al menos varios cientos en circulación al mismo tiempo; de esta forma es difícil decir como podrían haberse evitado los abusos por pérdida, robo o expedición a personas inapropiadas de estos pases. Así la brecha de seguridad en la Cancillería no podría cerrarse sin aislar completamente al Führer.  Tras la introducción de nuevos pases con fotos del portador, sólo ocho pases perdidos o robados fueron reportados en menos de seis meses y ninguno de estos ocho fue recuperado. Un nuevo sistema será introducido para establecer controles a intervalos más cortos: el RSD emitía sellos de aprobación cada mes, que eran remitidos a los diferentes departamentos y agencias y estos eran distribuidos por ellos a los portadores de los pases. Esta normativa entro en vigor el 1 de marzo de 1940; Todo el mundo debía firmar su sello, incluso Eva braum tenía su pase y su sello personal. Otras personas como Sepp Dietrich nunca firmaron sus sellos y otras como Bormann sólo una vez. Fräulein Schroeder, una de las secretarias de Hitler firmará en una ocasión por Gerda Daranowski y esta por Schoroeder y Johanna Wolf.



Otro ejemplo de lagunas en la seguridad: en 1940 un teleprinter fue instalado en la tercera planta de la cancillería, provisionalmente y durante la duración de la guerra. Era mantenido y manejado por oficiales femeninas del servicio postal que se iban alternando en la medida en la que estaban disponibles en la oficina principal de Telégrafos. La mujer que llegaba cada noche a las 20.00 hrs estaba hasta las 7.00 hrs y portaba un pase personal con foto, emitido por la oficina principal de Telégrafos, debía recibir un pase de la cancillería por la noche, pase que tenía que devolver a la mañana siguiente.



Guarida del Lobo, Rastemburg, invierno de 1944
Con el inicio de la guerra, la seguridad se verá incrementada. El 21 de septiembre una orden prohibía el uso de las aceras a lo largo de todo el perímetro del complejo de la nueva cancillería en la vosstrasse y la Wilhelmstrasse para todos los peatones, especialmente tras la puesta de sol. Las personas que accedían a pie a la cancillería sólo podían aproximarse para una entrada correcta en un ángulo recto con la acera a lo largo de la calle. Rattenhuber pronto añadirá mas detalles como varios policías estacionados las 24 hrs del día frente a las dos puertas de hierro forjado de los apartamentos del Führer en el 77 de la Wwilhelmstrasse (tras finalizar la Nueva Cancillería) y estas puertas debían estar cerradas siempre durante la noche. Uno de los dos policías patrullaría en lado interior y otro el exterior. La gran puerta de bronce del pario de Honor (78 wilhem str.) también tendría vigilancia policial día y noche y sólo podría ser abierta con un permiso especial de la Adjuntamt del Führer. Los cambios de guardia debían efectuarse desde la puerta sur de la vieja cancillería. Un policía adicional en la esquina entre Wilhelmstrasse y Vosstrasse debía mantener a los peatones fuera de la acera de la cancillería y hacerles caminar por el otro lado. La salida de emergencia del refugio antiaéreo no debía ser bloqueada pero estaba vigiada las 24 hrs. por un policía. SA, SS y guardias de la Wehrmacht montaban guardia en las entradas 2,4 y 6 de la Vosstrasse día y noche y las SS vigilaban la gran galería.



Dos oficiales de la Gestapo vigilaban la zona sur de la acera de la Vosstrasse día y noche y un policía en la esquina entre la Hermann Göring Str. y la Vosstrasse enviaba a los peatones a la otra acera. Otro policía más hacia lo propio en la fachada hacia la Hermann Göring Strs., vigilada así mismo por dos oficiales de la Gestapo. En los jardines dos patrullas de las SS eran responsables de las seccione este y oeste. Seis SS guardaban las secciones este, norte y sur del jardín durante la noche mientras que las sección oeste estaba vigilada por un policía con perro. Finalmente, el túnel de metro que corría desde la Potsdamer Platz de norte a este bajo Leipziger Platz hacia la vosstrasse y hacia la estación de Kaiserhof estaban vigilados especialmente para prevenir actos de sabotaje.



Los medios de protección alrededor de la cancillería eran comprensibles si tenemos en cuenta el atentado de Georg Elser en Munich; cuando la noticia de la explosión del 8 noviembre de 1939 llegó a los oficiales de seguridad de la cancillería, estos quedaron muy impresionados y comenzaron inmediatamente a revisar las regulaciones de seguridad que se estaban aplicando enfatizando en que ningún visitante debía permanecer sólo sin acompañante, por el complejo. Dos días después el Adjunto de las SS Wünsche emitirá nuevas directrices. Varias posiciones de guardia serían suprimidas durante las ausencias de Hitler que ahora mantenía constantemente una escolta de las SS. Los jardines debían ser patrullados constantemente a conciencia y se debía controlar cuidadosamente a los jardineros para verificar que sólo estaban aquellos debidamente autorizados. En las semanas que siguieron al atentado de Elser se emprendió una revisión general de las reglamentaciones de seguridad; ahora las nuevas regulaciones debían ser visadas por Heydrich, y se clarificaron y mejoraron muchos procedimientos, pero supuso una avalancha de directrices que se complicaron aun más con la guerra. Así, por ejemplo, a los refugios antiaéreos se llegaba atravesando la antesala de los aptos. de Hitler, tras pasar por el comedor y la sala de estar. Toda la guardia de la Wehrmancht que no estaba de servicio en el momento del ataque debía tomar esta ruta al refugio. Un oficial del RSD en la entrada del hall a los apartamentos de Hitler debía dirigirles a través de las puertas adecuadas. Todos los puestos de los guardias SS, SA y Wehrmacht debían mantenerse durante los ataques aéreos, al igual que los oficiales del RSD, ya que eran excelentes oportunidades para los posibles asesinos para poner artefactos explosivos o tomar posiciones desde las que poder atentar al relajarse la seguridad. 



Los oficiales del RSD fueron instruidos para bloquear una puerta y enviar a dos hombres a los refugios, el resto debía permanecer en sus puestos y sólo cuando la batería antiaérea de la Cancillería comenzase a disparar podrían buscar protección contra la caída de proyectiles; debían ser capaces de identificar rápidamente bombas incendiarias y asegurarse de que se apagaran de inmediato. Los guardias eran cambiados cada media hora durante los ataques aéreos. A principios de febrero de 1942 una nueva torre antiaérea fue construida para los hombres de la 1ª Flak Div. Su personal de mando fue desplazado a la planta alta de la cancillería en el nº 2 de Vosstrasse, unos 154 hombres incluidos ordenanzas, mensajeros, etc. que debían entrar en la cancillería cada día, lo que complicará el control satisfactorio y producirá un gran peligro para la seguridad. Por tanto ciertos ajustes debieron ser hechos; primero, el personal de mando de la 1ª flak div fue apartado de la cancillería y el número de soldados y oficiales que podían entrar a la cancillería fue reducido a aquellos que manejaban las piezas AA. Un listado de estos estaba en poder de los guaridas de las SA y aquellos que no apareciesen en las listas debían ser identificados por su comandante de unidad y conducidos dentro y fuera de la cancillería individualmente. Nadie, excepto los hombres de la Flak div. podían permanecer en los techos de la cancillería y los visitantes no podían acercarse bajo ningún concepto al área de las AA. La cartilla militar fue declarada como documento válido para entrar y salir del complejo. El jefe del RSD decidía sobre pases especiales para trabajadores . Además el constante incremento del número de personas que podían acceder incrementará los peligros de seguridad del complejo. Más pases emitidos, mas pases perdidos....etc.



Para el final de diciembre de 1940 el RSD decidió para evitar posibles atentados, que todos los regalos para el Führer no debían ser llevados directamente a sus habitaciones; hasta entonces normalmente eran recibidos por un miembro del servicio o del SS-Begleit Kommnado y dejados en un pequeño Hall de entrada del 77 Wilhelmstrasse. El correo, despachos de agencia alemana de noticias, periódicos y películas se siguieron dejando en este pequeño hall, pero los regalos, paquetes y flores de origen desconocido fueron llevados a la zona del nº4 de vosstrs. y desde allí los guardias llamaban al oficial de guardia en los aptos. del Führer. Un oficial del RSD debía examinarlos en presencia del SS-Sturmführer Wernicke o del SA-Sturmführer Rotte en una habitación especial para ese propósito. Según la directiva era muy importante utilizar una habitación lo más lejos posible de los aptos del Führer para estos exámenes. Los miembros del RSD debían recordar en cada examen de todos los paquetes la fecha, contenido y remitente. Precauciones similares se establecieron para el cumpleaños de Hitler. En una directiva posterior firmada por Högl como jefe de la oficina del RSD nº 1 y por el asistente personal de Hitler Albrecht esta regulación parece que se relajo un poco y así un hombre del RSD debía ser consultado sobre los artículos que eran entregados a Hitler.



Las mercancías de todo tipo, incluyendo los paquetes de tren y el correo que llegaba de otras personas que no fueran Hitler eran almacenados por los guardias en las cocinas hasta que pudiesen ser debidamente examinados. Estos métodos eran incómodos y engorrosos para las mercancías diarias y los suministros de la cocina por lo que posteriormente, todos los suministros se relacionaban en listas con los nombres de los repartidores y el RSD realizaba controles de seguridad a estos. En los casos de envíos urgentes eran realizados por personas desconocidas, las firmas debían telefonear al RSD para informar y el oficial del RSD examinaba los documentos de identidad del repartidor y comprobaba telefónicamente que se trataba del hombre correcto con la empresa. Comida, vino y mercancías similares de procedencia desconocida eran apartados de la mesa de Hitler y sus invitados y no eran examinados para comprobar si eran o no inocuos, excepto en ocasiones excepcionales que por razones específicas lo requiriesen. Finalmente, Martin Bormann dio su consentimiento a que se inspeccionase todo nuevo suministro.



El 30 de julio de 1944 Bormann remitirá una carta a Himmler clasificada de Alto Secreto, personal y sólo para lectura de Himmler, respondiendo a una propuesta de este del 9 de junio de 1944; informaba que había realizado una revisión completa de todos los elementos comprados para la consumición en las residencias de Hitler (Berghof, Munich, Berlín, Führersonderzug y Wolfschance) y esta revisión mostraba que eran necesarios cambios en el manejo y tratamiento de estos artículos. Vegetales, fruta, patatas y todo lo necesario para la dieta vegetariana de Hitler sería ahora cultivado bajo control de Bormann o adquirido en grandes cantidades para evitar problemas de seguridad. Pero algunos artículos eran escasos y debían ser adquiridos donde estubiesen,normalmente en pequeñas cantidades y usualmente por proveedores que detenían su suministro a todo el mundo excepto a la cocina de Hitler. Por ello, una nueva disposición fue elaborada similar a la tomada con los medicamentos del Dr. Morell, donde el jefe de suministros médicos de las SS compraba grandes cantidades de estos artículos, las examinaba, almacenaba y remitía las cantidades que se le iban solicitando para el consumo del Führer. Todos los procedimientos de seguridad y controles necesarios serán utilizados para seleccionar al personal que manipulaba estos artículos. En términos generales, este procedimiento era personalmente aprobado por Hitler. Pero gradualmente y a medida que avanza la guerra, se irán incrementando el miedo y las sospechas y mientras antes artículos como cereales, germen de trigo o sal, necesarios en la dieta vegetariana de Hitler, eran comprados en el mercado, ahora se introducían elaborados procedimientos de seguridad que dificultaban mucho las condiciones de trabajo.



A pesar de todas las precauciones hubo incidentes que afectaron a la seguridad; un decreto de la cámara de Auditores del Reich de marzo de 1922 prohibía a toda persona que no estuviese en asuntos oficiales, incluidos los miembros de las agencias oficiales del Reich la entrada en la cancillería; todos los servicios y el mantenimiento, incluido la extracción de residuos, limpieza de edificios, patios y pavimentos, servicio y mantenimiento del servicio de calefacción, deshollinado de chimeneas, exterminación de insectos y roedores serían entera y exclusivamente competencia de la administración de la cancillería. De este modo estas tareas dejaban de ser competencia del Ministerio de Finanzas del Reich, como en el caso del resto de los edificios de la administración. De todas formas, los incidentes de personas que accedían a la cancillería sin pase o autorización seguirán ocurriendo una y otra vez y se hará necesario refrescar continuamente la normativa aplicable.



Rattenhuber estaba frustrado por la recurrencia de estos incidentes que demostraban lo relativamente fácil que era, pese a las elaboradas normativas de seguridad, entrar en la cancillería, cerca del Führer. Únicamente podía amenazar con informar de todos estos incidentes a Bormann y avisar que rechazaba cualquier responsabilidad si sus directrices no eran cumplidas.



A lo largo de la guerra, los servicios de seguridad de la cancillería se irán deteriorando hasta el punto de la negligencia. Hitler solo aparecía por cortos periodos de tiempo y pasaba la mayor parte del tiempo en su cuartel de Prusia oriental. La supervisión de los servicios de seguridad en la cancillería del Reich serán delegados en el jefe del dpto. de personal de la cancillería, donde Deckert, ascendido a mayor, será sustituido por el teniente coronel de la Policía Rauch, que retendrá expresamente, la capacidad de emitir normativas aunque raramente lo hará y aun mas raramente estará allí para supervisar su implementación. El 30 de septiembre 1944 se emitirán nuevas normativas para el servicio diario en la cancillería que no contenían nada nuevo: no permitir a nadie caminar alrededor del edificio, nadie solo sin acompañar. Así mismo se reducirán significativamente el número de entradas y de guardias ya que no eran de esperar muchas visitas ni mucho tráfico alrededor, debido a los bombardeos aliados.

Fuentes:



Hoffmann, Peter. Hitler´s personal security. Protecting the Führer, 1921-1945

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