miércoles, 15 de mayo de 2013

Kadesh: la primera "victoria pírrica"



Nos encontramos en el quinto año del reinado del faraón Ramsés II, inmersos en una guerra entre las dos superpotencias del momento, los imperios egipcio e hitita, por el control de una zona del oriente medio que se correspondería con el actual Líbano y el sur de Siria.  Tenemos poca información sobre el desarrollo de la batalla y la mayor parte procede de un conjunto de relieves e inscripciones realizados por orden de Ramsés II en varios templos, por lo que la información es muy sesgada, contradictoria y en ocasiones, incluso fantástica. No obstante se trata de la primera batalla documentada por fuentes antiguas lo que la convierte en objeto de estudio minucioso por parte de todos los aficionados e investigadores de la ciencia militar, analistas, historiadores, egiptólogos y militares de todo el mundo. 

Ramsés II en la batalla de Kadesh
Templo de Abu-Simbel
También es la primera batalla que dio lugar a un tratado de paz documentado y por si esto fuese poco, tiene la importancia adicional de ser la última gran batalla de la historia librada en su totalidad con tecnología de la Edad del Bronce. Pero la Batalla de Kadesh no sólo está documentada en estos relieves (el llamado Poema de Pentaur un largo relato de la batalla que Ramsés II hizo escribir con posterioridad al combate y del cual existen ocho copias perfectamente conservadas en varios templos y monumentos de la XIX Dinastía y el “boletín”, un informe militar de la batalla que al igual que el Poema de Pentatur se encuentra totalmente conservado en siete copias del mismo en forma de bajorrelieve en el Ramesseum, el Templo de LuxorAbydosKarnak y Abu Simbel), sino que contamos con otra fuente antigua: el tratado de Kadesh.

Durante el primer año de la guerra, Ramsés había capturado rápidamente Amurru, región costera al norte de Biblos regresando a Egipto al finalizar la campaña. Había logrado sorprender a Muwatallis, emperador Hitita pero no habría una segunda vez. Este comenzó a reunir un gran ejército con fuerzas de sus súbitos y aliados, unos 3500 carros de guerra y 35.000 infantes para la próxima campaña. Con ellos, se dirigió hacia Kadesh (ciudad que un siglo antes había encabezado la coalición cananea contra Tutmosis III y que hoy se encuentra en territorio Sirio), a orillas del Orontes. Los carros constituían el núcleo del ejército en tiempos de paz, que era rápidamente aumentado cuando se avecinaba la guerra, reclutando a numerosos hombres de las reservas. Estos ricos campesinos combatientes cumplían al enrolarse con sus obligaciones feudales para con el rey. Al revés que muchos soldados de levas feudales de la época, los carristas hititas cumplían sesiones periódicas de entrenamiento, lo que los convertía en unidades temidas. El arma de carros, antecesor de la caballería, estaba constituida por soldados de la pequeña aristocracia rural y la baja nobleza, de alto nivel económico. Los gastos que ocasionaban los carros eran también parte de la obligación feudal para con la corona. No obstante para alcanzar las grandes cifras de carros que Muwatallis consideraba necesarias para el éxito de su campaña, probablemente debió recurrir a aurigas mercenarios.

Situada al este de Amurru, Kadesh dominaba el extremo norte del valle de Bekaa. En mayo de 1300,1286 o 1275 a.C. (hay discrepancia en el año exacto) , Ramsés II se dirigía al frente de su ejército compuesto por cuatro divisiones: Amón, la principal, Ra, Ptah y Sutekh , precisamente hacia Kadesh a través del valle de Bekaa. Se trataba del ejército más numeroso reunido por un faraón egipcio para una operación ofensiva, hasta ese momento. El ejército egipcio estaba organizado tradicionalmente en grandes cuerpos de ejército o divisiones, organizados a nivel local, que contaban cada uno con unos 5.000 hombres (4.000 infantes y 1.000 aurigas que tripulaban los 500 carros de guerra agregados a cada cuerpo o división).  Lo carros egipcios eran más maniobrables que los de los hititas, aunque su inercia no era tan grande debido a su menor peso.Estaban tripulados por solo dos hombres: un seneny (arquero) y el conductor, kedjen, que además debía proteger a aquél con un escudo. La falta de un tercer tripulante se compensaba con un infante a pie que corría a la par del vehículo, armado con escudo y una o dos lanzas. Este soldado cumplía la función de proteger a los seneny si era necesario, pero principalmente estaba allí para rematar a los heridos que el carro arrollaba a su paso. Al contrario que sus enemigos, que basaban sus tácticas en el uso de carros pesados, el ejército egipcio estaba centrado en la coordinación de numerosas unidades de infantería organizadas en sus respectivos cuerpos de ejército. Los jefes confiaban en los altamente móviles grupos de carros, pero, hasta el final de su civilización, el arma primaria y núcleo del ejército egipcio seguirá siendo la infantería.

Si bien se cree que en tiempos de Tutmosis III existieron cuatro de estos cuerpos, un decreto de Horemheb ratificaba la estructura ancestral de dos cuerpos de ejército. Consciente de la necesidad de  reunir una gran fuerza para combatir a los hititas, Ramsés II amplió y reorganizó el ejército de dos cuerpos que Seti había llevado a Siria, restituyendo el esquema de cuatro cuerpos. Es posible que el Tercer Cuerpo existiese ya en tiempos de Ramsés I o Seti I, pero no existe duda alguna de que el Cuarto fue fundado por Ramsés II. Esta estructura, sumada a la alta movilidad de las unidades, proporcionaba a Ramsés una gran flexibilidad táctica. Cada cuerpo de ejército recibía como emblema la efigie del dios tutelar de la ciudad donde había sido creado, residía normalmente y le servía de base, y cada uno poseía también sus propias unidades de abastecimiento, servicios para apoyo de combate, logística e inteligencia.

Los cuatro cuerpos de ejército marcharon por rutas distintas el Primer Cuerpo fue hacia Hamath, el Segundo hacia Beth Shan y el Tercero por Yenoam . El Primero y el Segundo Cuerpos avanzaron a lo largo de la orilla oriental del Orontes, mientras que los dos restantes lo hicieron en rutas paralelas por la orilla oeste, entre el río y el mar. Alcanzado Kadesh, Ramsés estableció su campamento inicial en la colina llamada Kamuat el-Harmel, ubicada en la orilla derecha del Orontes. Allí amaneció el rey, acompañado de sus generales e hijos. Poco después de la salida del sol, Amón desmontó el campamento y se dirigió hacia el norte, para llegar al punto de encuentro acordado, la planicie bajo Kadesh, para todos los cuerpos de ejército egipcios. 

La marcha, aunque difícil, contó con la ventaja de que muchos de los veteranos del ejército conocían el camino pues lo habían hecho anteriormente bajo el mando de Seti I, como el mismo rey que había acompañado a su padre en la operación o en la campaña anterior de Ramsés. Los Cuerpos de Ejército de Ptah, Sutekh y Ra marchaban detrás, aproximadamente a un día de distancia, y los ne´arin amorreos con sus carros tampoco habían llegado todavía. Probablemente el faraón pretendía acampar frente a Kadesh y esperar algunos días al resto de sus fuerzas. Ya que el cuerpo de ejército de Amón era el más grande, cruzar el río le llevaría toda la mañana y parte de la tarde  y es en ese momento cuando las tropas del faraón se encontraran con dos árabes de la tribu de los shoshu, que dijeron ser enviados de sus jefes para informar a Ramsés que colaborarían con él para derrotar a los hititas. El faraón quiso saber donde se encontraba su pueblo y estos le informaron que  al norte, con el rey Muwatallis. Creyendo que se trataba de falsos desertores determinó acampar al norte de Kadesh con Amón. 

Sólo se explica por su juventud e inexperiencia que el faraón no hubiera intentado comprobar la información que se le ofrecía y contradiciendo la opinión de sus generales y eunucos más antiguos, Ramsés dio orden de que Amón se dirigiera de inmediato hacia Kadesh donde acamparían ordenando a la tropa cavar un perímetro defensivo que más tarde se fortificó con miles de escudos solapados entre sí y clavados en tierra; se construyó en el centro el templo de Amón, se erigió una gran tienda para Ramsés, sus hijos y su séquito, e incluso se descargó de un carro el gran trono de oro del faraón que lo había acompañado todo el trayecto.
Mientras, los árabes fueron apaleados, torturados y conducidos nuevamente ante el faraón ante el que confesaron que el ejército hitita se encontraba tras la ciudad de Kadesh, dispuesto para entrar en combate. Ramsés ordenó entonces a sus divisiones que se apresuraran hacia su posición: Ptah, Sutekh y Ra debían reunirse con Amón lo antes posible. Envió a su visir al sur al encuentro de Ra para ordenarle que redoblara la marcha y es muy probable que enviara otro mensajero al norte para apurar la llegada de las unidades de ne´arin amorreos. El visir de Ramsés llegó al vivac del Cuerpo de Re, junto al vado de Ribla, al amanecer del día siguiente, transmitió las ordenes del faraón,cambió los caballos de su carro de guerra y, en vez de acompañar al Segundo Cuerpo al norte, se dirigió aún más al sur para dar la misma orden al Cuerpo de Ptah, que se encontraba al sur de la ciudad de Aronama.

El Segundo Cuerpo tardó un tiempo considerable en vadear el río, ya que las orillas estaban revueltas y pisoteadas por el paso del Cuerpo de Amón el día anterior pero la cautela militar fue dejada de lado por culpa de la urgencia y la cohesión de las formaciones se perdió en la orilla opuesta, marchando el ejército hacia Kadesh a paso redoblado, posiblemente enviando los carros por delante. 

Pero Muwattalis que se encontraba apenas a 4 o 5 km, en la otra orilla del Orontes ya había ordenado a sus carros, el arma ofensiva primaria del arsenal hitita, que se lanzasen al ataque y unos 2500 cayeron sobre la división de Ra. Los carros de guerra hititas contaban en Kadesh con tres hombres: el auriga y dos soldados, un lancero y un escudero que protegía a los otros dos. Aunque normalmente los carros contaban con dos hombres, el hombre adicional de cada carro podía duplicar el número de los soldados que podían desmontar y combatir. Esto es así ya que el plan de Muwatallis suponía que sus carros tendrían que enfrentarse a gran cantidad de infantería. Sin embargo, estos carros de tres (a los que Ra debió enfrentarse en la marcha de aproximación) constituían solamente la fuerza nacional hitita. El resto del contingente compuesto por los aliados y vasallos sirios acudieron en carros de dos tripulantes conocidos como mariyannu, más ligeros y de uso similar a los de sus equivalente egipcios. En contraposición al arma de carros, la infantería era, para los comandantes hititas un arma subsidiaria y secundaria y el infante hitita solía llevar una espada de bronce en forma de hoz y un hacha de combate también de bronce. Asimismo, la guardia personal de Muwatallis, conocida como thr, llevaba lanzas largas como las de los aurigas y las mismas dagas que ellos. Ra fue totalmente sorprendida en oren de marcha, arroyada y rápidamente derrotada y puesta en fuga, dispersándose sus hombres. Tras esta acción, toda la fuerza hitita giró hacia el norte y atacó el campamento egipcio de forma repentina y masiva.


Aún antes de que los carros sobrevivientes de Ra entraran al campamento y comenzaran a explicar lo sucedido,  las tropas se hallaban ya en zafarrancho de combaten; a los pocos minutos los carros hititas se abalanzaron sobre el ángulo noroeste de la pared de escudos, la demolieron y penetraron en el campamento. Tiendas, carros y caballos trabados que encontraron a su paso comenzaron a detenerlos haciéndoles perder su inercia inicial, al tiempo que los defensores se afanaban en organizar la defensa. Muchos carros hititas no tomaron parte en el combate ya que simplemente no había suficiente espacio dentro del campamento egipcio, por lo que combatieron desde el exterior del muro de escudos. Pronto el combate degeneró en una gigantesca melé por lo que la guardia del faraón se dispuso rodeando su tienda dispuestos a la última defensa mientras ponían a buen recaudo a los hijos del faraón en el extremo opuesto del campamento, que no había sido atacado.


Ramsés salió del campamento por la puerta este, al frente de sus carros, giró hacia el norte y atacó por el flanco a los carros hititas que se encontraban atascados en un verdadero embotellamiento, muy vulnerables. Dado que el rey hitita les había privado de paga, comprometiendo solamente la parte del botín que pudiesen saquear, estos estaban centrados en el saqueo del campamento egipcio y no fueron conscientes del ataque de Ramsés que causo muchas bajas entre las tripulaciones de los carros que aun no habían conseguido entrar en el campamento. Tan amontonados se encontraban los hititas, que los disciplinados arqueros egipcios no necesitaban apuntar para hacer blanco en un hombre o un caballo. Los ahora sorprendidos hititas comienzan la desbandada en dirección a sus líneas, perseguidos por los carros egipcios; con sus caballos fatigados por la carga y sus pesados carros, fueron un blanco fácil para los egipcios. Derrotados completamente los hititas con unos pocos supervivientes en fuga, los menfyt se dedicaron a recorrer metódicamente el campo de batalla rematando a los heridos y cortándoles la mano derecha.

Muwatallis era plenamente consciente de que el grueso del ejército egipcio ni siquiera había llegado y que con el, todo su plan se enfrentaba al desastre por lo que decidió pasar a la acción con una maniobra de distracción que le permitiese recuperar la iniciativa perdida, haciendo regresar a parte de las tropas que perseguían a las suyas y obligando a Ramsés a regresar a su campamento. En el puesto avanzado en el que se encontraba el rey hitita había muy pocas tropas y  aparte de su cortejo personal por lo que le ordenó organizar una fuerza de carros que cruzara el río y que atacara el campamento egipcio desde el lado oriental. Aunque la respuesta fue poco entusiasta  ya que la nobleza no acostumbraba entrar en combate, las ordenes del emperador no dejaban lugar a dudas por lo que los hombres que formaban  la mas alta jerarquía política hitita, incluyendo a los hijos y hermanos de Muwatallis y de sus aliados y vasallos formaron una unidad y cruzaron el Orontes hacia poniente. Apenas iniciado el asaltado del campamento  egipcio por esta fuerza, los carros hititas fueron arrollados una vez mas, esta vez por una gran fuerza de carros que llegaba desde el norte. Se trataba de los carros amorreos, los ne´arin, que llegaban al punto de encuentro providencialmente. Más atrás venía la infantería pesada de Amurru.

En los relieves, los carros de los Ne´arin aparecen atacando la línea del frente, tal como se presenta a los hititas en otros relieves; se cree que esta era la posición normal de combate. Suponiendo que el espacio de la longitud de un carro entre cada vehículo permitiera girar y evitar las colisiones, sería posible que en una  carga entraran dos líneas de carros opuestos mientras los arqueros lanzaban sus proyectiles. Luego las líneas se recompondrían para volver a atacar de nuevo, hasta que uno de los dos bandos cedía. Las fuerzas hititas, que se reclutaban en regiones muy diferentes, se organizaban según la costumbre local con cada fuerza comandada por un rey u otro noble local. Por ello Ramsés pudo proclamar haber matado a muchos hombres insignes, mostrándose a muchos arrancados del Orontes

Liberados los prisioneros hititas de alto rango, la línea de acción de Muwatallis quedó muy clara. La principal fuerza ofensiva de su ejército —los carros— había sido destruida, y, asimismo, muchos jefes y dignatarios habían muerto en el ataque de los ne´arin. Muchos de los carros egipcios estaban aún de camino cuando comenzó la batalla y jamás llegaron a entrar en combate. Esto es probablemente lo que sucedió con los carros de las divisiones Ptah y Seth. Si éste es el caso, y llegaron cuando todo había concluido, esos 1.000 carros con sus tripulaciones sanas y descansadas debieron disuadir a los hititas de intentar presentar batalla otra vez. El rey hitita no puso en juego en ningún momento a su infantería, seguramente por lo inapropiado de enviarla a través de un vado en una situación cambiante tan rápidamente y que podían resolver mejor sus carros. Ramsés tenía, en cambio, dos cuerpos de ejército frescos y completos, y los sobrevivientes de los otros dos fuertemente motivados por las ejecuciones sumarias que habían presenciado (tras la batalla, Ramsés ejecutó a uno de cada diez de sus hombres para escarmiento y ejemplo de los demás). Sin embargo, las fuerzas egipcias de Ptah, Sutekh y ne´arin no eran suficientes para mantener la hegemonía egipcia en la región, y el rey hitita se dio cuenta de ello. Los deseos de Ramsés de mantenerse como una superpotencia reteniendo Kadesh acababan de esfumarse y, en esas condiciones de derrota táctica, se encontraba ante un empate estratégico. Kadesh quedaba en manos egipcias, pero era imposible que Ramsés pudiera mantenerla y ello representaría la restauración del dominio hitita sobre Siria. Muwatallis envió una embajada a solicitar la tregua y Ramsés no tuvo más remedio que aceptarla.

No obstante, aunque regresará a Egipto como un conquistador victorioso a pesar de los jactanciosos relieves con los que se conmemoro la batalla de Kadesh, la realidad era otra: Ramsés tuvo que combatir a los hititas durante otros diecisiete años y finalmente el imperio egipcio tendría que acabar firmando en 1269 a.C  un tratado en virtud del cual se reconocía la dominación hitita al sur del Eufrates quedando la soberanía egipcia limitada a la porción de Siria más próxima a Egipto.

El Tratado de Kadesh, como será conocido, marcó el fin de las negociaciones que siguieron a importantes conflictos armados que culminaron con la famosa batalla de Qadesh, librada entre 15 y 16 años antes entre las dos potencias de la época. El acuerdo tenía como objetivo el establecimiento de relaciones pacíficas entre ambas partes. Se trata del acuerdo diplomático más antiguo que se conoce en oriente medio y a menudo es considerado el más antiguo del mundo y aunque esto no esté totalmente comprobado, es el tratado más antiguo sobreviviente en el mundo hasta la actualidad. No obstante aunque lleve este nombre se cree que la batalla no fue el catalizador para el intento de paz, puesto que egipcios e hititas continuaron siendo enemigos muchos años luego de dicho conflicto. El tratado fue respetado por ambas partes y en 1245 a.C. Ramsés incorporó a una princesa hitita a su harén como Gran Esposa Real como forma de consolidar el acuerdo y el resto de su reinado transcurrirá en paz. Esta larga y cruenta guerra será fatal para ambas superpotencias ya que ambas quedarán muy desgastadas por la prolongada lucha y ninguna de las dos estará ya en condiciones de resistir el ataque de un nuevo adversario.

También puede interesarte:

Megiddo, la primera campaña de Tutmosis III

La sala hipóstila de Karnak

La gran pirámide de Khufu






  

  

No hay comentarios:

Publicar un comentario